domingo, 24 de octubre de 2010

Otoñó

He estado tan ocupada, que no me di cuenta que se acabó el verano. Por la mañana está fresquito, suficiente para sacar mascadas y chamarras. Para cuando salgo de casa, las calles están barridas, pero en el transcurso del día se vuelven a llenar de hojas amarillas.

Ya hay mandarinas en el mercado, así que desayuno con mi jugo favorito. Hoy, además, compré zapotes negros y preparé un dulce con ellos. Y ya es buen clima para sopas. Estoy pasando por una fase de puras cremas: de espárragos, de jitomate asado, de calabacitas. Y hoy, de champiñones.

Y sí, entre exprimir, picar, freír y licuar voy a trabajar. Esta semana, por ejemplo, asistí por primera vez a un seminario sobre la historia de la ciencia vista desde sus instrumentos. Es una perspectiva muy interesante por sí misma, pero además creo que me servirá mucho para analizar de una manera coherente el periodo del inicio del Observatorio, en que se adquirieron muchos intrumentos nuevos.


Además, asistí al examen profesional de mi estudiante Javier. Se recibió con una linda tesis sobre la astronomía en la prensa mexicana en la década de los 20's del siglo pasado. Combinando trabajo en hemeroteca con revisión del contexto que rodeaba al Observatorio en esos años, muestra cómo el director de entonces -Joaquín Gallo- recurre a la divulgación de la astronomía a través de la prensa como otra vía más para obtener la validación social que tanto necesitaban entonces.

Mientras tanto, el trabajo con Liliana de organización de los archivos que se encuentran en el Instuto de Astronomía siguie viento en popa. Hace un par de semanas dimos un coloquio en el Instituto y tuvimos muy buena respuesta de la comunidad. Además, hemos descubierto cosas muy interesantes en el archivo personal de Arcadio Poveda, quien amablemente nos permitió revisarlo y hemos decidido que lo vamos a organizar.

Como ves, muchas cosas buenas.

viernes, 1 de octubre de 2010

Hágalo usted mismo

¿Conociste al astrónomo polaco Johannes Hevelius? Aunque nació mucho después que tú, ya estaba trabajando antes de que murieras, así que tal vez supiste algo sobre él.

Esta semana leí un artículo* sobre su libro Selenografía de 1647 donde puedes ver por dónde siguió la astronomía en el periodo justo después del tuyo. Desde el fronstispicio de la obra el autor deja bien claro que cree que se deben utilizar tanto la razón (representada por Alhazen, a la izquierda) como los sentidos (representados por ti, derecha). Como puedes ver la combinación de teoría y práctica, inaudita antes de tus tiempos, se volvió indispensable bien pronto.


Este libro (que puedes ver completo aquí) es al mismo tiempo un manual y un atlas. Comienza con una parte técnica donde describe con mucho detalle cómo construyó y utilizó sus telescopios. Éste, por ejemplo, es un grabado que muestra el torno que utilizó para pulir las lentes. El nivel de detalle al que llega es tal que su lector debiera poder construir su propio telescopio.


La segunda parte del libro es un atlas de la Luna. Contiene imágenes como esta, con una Luna llena, y series o secuencias en las que van cambiando las fases o grados de iluminación.


Como en el caso de Bruno, Hevelius hizo él mismo todos estos grabados, pero la razón en su caso es que le preocupaba que un grabador alterara las imágenes. Combinando palabras, diagramas y dibujos intentó llevar su experiencia personal de observación hasta sus lectores.

*Müller, K. (2010), "How to Craft Telescopic Observation in a Book: Hevelius's Selenographia (1647) and its Images", Journal for the History of Astronomy, xli, 2010.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Centro, círculo, circunferencia

Yo no sabía que Giordano Bruno había hecho los grabados para sus libros. En un artículo que acabo de leer* encontré algunas de las imágenes -sencillas y muy fuertes- que utilizó para explicar mejor sus ideas. Y es que él creía que el acto mismo de crear las imágenes le permite a la mente aprehender verdades más altas. Por ejemplo, en el diálogo de La cena de las cenizas, Torcuato dibuja esto para explicar y contrastar los universos de Tolomeo y Copérnico.

Como seguramente sabías, Bruno imaginó que el universo era infinito, que había más mundos que el nuestro y que cada estrella era el centro de un sistema con otros planetas. En varias de sus obras escribió y dibujó el modo en que creía que esto podía acomodarse. Por ejemplo, en su De triplici minimo et mensura, aparece este grabado en que muestra que cada mundo como el nuestro tiene seis mundos vecinos.

En todas sus obras aparecen los centros, círculos y circunferencias, tanto en las que tratan de geometría como las de teología. Para enfatizar sus ideas y convencer a sus lectores, agregó imágenes como estas que ves.

*Luthy, Christoph, "Centre, Circle, Circumference: Giordano Bruno's Astronomical Woodcuts", Journal for the History of Astronomy, xli, 2010.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Carrozas voladoras

Sigo leyendo Voyages to the Moon y acabo de terminar el capítulo acerca de las diversas carrozas voladoras que imaginaron en los siglos XVII y XVIII. Algo que resulta interesante acerca de éste, el cuarto de los modos que revisa Nicolson para llegar a la luna, es cómo los personajes construyeron sus carrozas utilizando el conocimiento proveniente de la ciencia en su momento. Así, como mecanismos de propulsión utilizaron velas de barco, papalotes, fuegos artificiales, imanes o globos.

Pero, como también se escribieron parodias sobre estos viajes cósmicos, existe una buena colección de medios más bien chuscos. En sus viajes a la Luna y al Sol, Cyrano de Bergerac, va probando varios. Primero llena muchos frascos de rocío y se los ata al cuerpo. Así, al amanecer, el Sol se lleva al rocío, y con él, al viajero cósmico. Como este mecanismo sólo lo lleva hasta Canada, sigue construyendo diversas máquinas que usan alas, resortes, fuegos artificiales y lentes, hasta que finalmente llega a la Luna.

Una de las propuestas serias más interesantes de entonces fue la que hizo el italiano Fancesco Lana en su obra de 1775, Prodromo. Se trata de un barco bastante convencional, con vela y remos, pero con la ingeniosa adición de cuatro globos vacíos, y por lo tanto más ligeros que el aire. Esta nave cósmica dio mucho de que hablar, pues en ese tiempo no se sabía lo suficiente sobre el aire, el vacío y los materiales que lo podrían soportar.

Concuerdo completamente con Nicolson cuando termina este capítulo diciendo:
The cosmic voyage will go on, but after the invention of the balloon it suffers a change into something, I think, less rich and strange. [...] In our modern* imaginary journeys to the planets men sail in great space ships constructed upon sound technological principles. [...] Their devices for flight are far more plausible and realistic than any I have related to you. They have gained verisimilitude, but they have lost the exitement of breathless discovery.

*No olvides que ella escribió en 1948.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Otros mundos

El libro que estoy leyendo ahora te encantaría. Se llama Voyages to the Moon y fue escrito en 1948 por una de mis autoras favoritas, Marjorie Hope Nicolson.

Nicolson fue una experta en el tema de la ciencia en la cultura inglesa del siglo XVII y le he leído otros libros maravillosos como Newton demands the Muse, sobre la poesía que se escribió en torno de la figura de este hombre tan público, y Pepys' Diary and the New Science, en el que revisa los diarios de este inglés para ver dónde estaba la ciencia por entonces.

En Voyages... revisa la aparición de la idea de viajar a la Luna en la literatura (principalmente la inglesa) de los siglos XVII y XVIII. Para ello, primero repasa el tema en los siglos anteriores y dice que lo que sucedió en el XVII es cualitativamente diferente debido a los cambios que por entonces se estaban dando en las maneras de pensar acerca de la naturaleza (lo que hoy nosotros llamamos ciencia). Propone que, aunque siempre habíamos querido volar, y muchas veces imaginamos volar a la luna, sólo después de que tú la escudriñaste utilizando telescopio empezamos a imaginarla como otro mundo. Tus descripciones y dibujos de una luna con valles, montañas y océanos, dice Nicolson, sirvieron como una semilla a partir de la cual germinaron numerosas obras de ficción en las que también se encontraron habitantes y culturas allá.

Siguiendo a John Wilkins, quien en 1638 escribió Discovery of a New World in the Moon, Nicolson divide su libro en 4 capítulos principales, de acuerdo con el medio utilizado para volar a la luna. El primero eran los viajes sobrenaturales, remanentes de la vieja manera de pensar. De estos quizás tu conociste el Somnium de Kepler. El vuelo con ayuda de pájaros es el segundo medio, y el ejemplo más divertido fue escrito por Francis Godwin: Man in the Moone, or A Discourse of a Voyage Thither by Domingo Gonsales.
El uso de alas es el tercer método para volar y, a diferencia de los dos anteriores, éste sí que fue experimentado en esos siglos, aunque con muy poco éxito. El cuarto capítulo habla del uso de carrozas voladoras, pero aún no lo leo, así que no te puedo contar nada sobre él.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Gauss y Humboldt

Hace un par de semanas escuché una novela histórica inusual por breve y por tratar de personajes científicos. Se trata de La medición del mundo, del joven escritor alemán Daniel Kehlmann.

El libro empieza con el primer encuentro entre un gruñón Gauss y un eufórico Humboldt, ambos ya viejos. A continuación se regresa muchos años para recontar desde el inicio las vidas de ambos hasta aquel encuentro. Va alternando breves y ágiles capítulos sobre cada uno en los que retrata, con pocos pero certeros trazos, las personalidades de estos dos hombres tan diferentes. Así, van apareciendo el explorador y naturalista, incansable viajero y el matemático y astrónomo que prefirió medir el mundo desde casa.

La disfruté porque está bien escrita, y es muy entretenida. De paso, y sin ningún esfuerzo, conocí a estos dos personajes, sus respectivas obras y la época que compartieron.

Este libro inauguró una racha de novelas históricas. Me seguí con La gran marcha, de E.L. Doctorow, acerca de la guerra de sececión (que debería llamarse guerra de unión, ¿no?) de los Estados Unidos. Y ahora me dispongo a leer Expediente del atentado, de Álaro Uribe, que trata de un atentado contra Porfirio Díaz. Éste debo leerlo pronto si quiero alcanzar a ver la película que hicieron con él y que acaba de estrenar.

jueves, 19 de agosto de 2010

La influencia de los astros

A pesar de todo el trabajo que hacemos los astrónomos para convencer a los demás de que la posición de los astros no influye en el destino de los seres humanos, el efecto del planeta Venus en el nacimiento de la astronomía profesional mexicana demuestra lo contrario. Ve el artículo que escribí sobre el tema para el blog Historia de la Astronomía y dime qué te parece.

viernes, 13 de agosto de 2010

Serendipia archivológica

El trabajo de organización del Fondo Observatorio Astronómico Nacional va viento en popa. A finales de este mes todo (menos las hojas y cuadernos de cálculos) estará catalogado y ordenado de tal modo que se puede consultar con mucha facilidad. Todavía falta la fase de descripción, que resultará en un catálogo detallado, pero eso tendrá que esperar, pues Aline y Carlos se van.

Mientras tanto, junto con otra estudiante, Liliana, he comenzado a organizar algunos archivos del Instituto de Astronomía que son más pequeños y contienen documentos de un periodo más reciente, que no está representado en el FOAN (los 70s y 80s del siglo XX). En mayo empezamos con el Fondo Harold Johnson que consiste en aproximadamente 4 cajas (un poco más grandes que revisteros) con correspondencia y planos para la construcción de instrumentos. Estos documentos reflejan algo del trabajo que hizo este estadounidense en su estancia en México. Johnson trabajó especialmente en el telescopio de 1.5m de diámetro de San Pedro Mártir, que llegó a México gracias a él.

Empezamos por limpiar los documentos, luego los organizamos en expedientes, y finalmente hicimos un catálogo con la descripción del contenido de cada expediente. Nos resultó muy bueno trabajar primero con este fondo pequeño (con sólo 20 expedientes), pues así pudimos ir entendiendo (¡o inventando!) los pasos del proceso.

Ahora estamos felizmente sumergidas en el conjunto de documentos que pertenecieron a Robert Noble, otro estadounidense que trabajó en el IA por esos años. Este fondo es mucho más grande, tiene aproximadamente 200 expedientes, y pensamos que nos iba a tomar muchísimo tiempo organizarlo. Sin embargo, para nuestra gran fortuna, Noble era un hombre muy ordenado, y dejó todo en carpetas etiquetadas por temas. Además, Paco Cobos y Carlos Tejada -ópticos del Instituto- conservaron los documentos con mucho cuidado.

Para hacer todo este trabajo, el IA nos prestó una oficina que por el momento no se está utilizando. Como el Fondo Robert Noble es grande, Liliana tuvo que vaciar un archivero para hacer espacio para las carpetas con documentos mientras los organizamos. Ahí encontro, así nomás, un conjunto de documentos que pertenecieron a Claudio Firmani, un compatriota tuyo que trabajó mucho tiempo en el Instituto y ahora ya está de vuelta en Italia. Firmani estuvo involucrado, junto con Gianfranco Bisiacchi, en el desarrollo de un detector llamado MEPSICRON y estos pocos papeles tienen que ver con ese proyecto.

Me encantó encontrar esos documentos, pues confirman mi sospecha de que cada oficina tiene un pedacito de la historia del Instituto. En octubre haremos un coloquio para mostrarle a los astrónomos lo que llevamos avanzado e invitarlos a que cada quién contribuya con una parte y así podamos armar un archivo de un periodo sobre el cual hay muy poca documentación. Juntos tendremos que pensar qué queremos resguardar, y cómo.

jueves, 12 de agosto de 2010

¿Para quién escribió Galileo?

Encuentro con gusto que ya salió un artículo mío en la revista Elementos. Se trata de un texto que escribí para la serie de mesas redondas Galileo y Darwin: 400 años de herejías el año pasado, y que finalmente encontró, como diría Aristóteles, su lugar natural. Se llama "¿Para quién escribió Galileo?" y en él hago una relectura de cosas muy conocidas sobre tu vida, pero desde un punto de vista novedoso. Separando en tres etapas tu vida (matemático y profesor, filósofo en Florencia, filósofo "free-lance"), reviso la comunicación que sostuviste a través de una variedad de medios (clases, conferencias, debates, cartas, manuscritos, libros) con un muy diversos interlocutores (astrónomos, filósofos, cortesanos) y con propósitos también variados.



Te pongo mis conclusiones esperando que se te antoje ir a ver cómo llegué a ellas:

Galileo escribió para sí mismo, para sus estudiantes y colegas, para sus mecenas y contra sus enemigos. Sin proponérselo, también escribió para un público más amplio de su tiempo y para todos nosotros. A través del conjunto de sus documentos, nos ha dejado un detallado retrato de la Italia que le tocó vivir. Vemos las instituciones y sus tradiciones, las profesiones y sus prácticas, las personas y sus intereses. Y, dentro de este contexto, hemos podido constatar la importancia de las diversas formas de comunicación en el quehacer de eso que hoy llamamos ciencia.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Cometas con chocolate

En julio estuvieron en el D.F. Mary y Enoc, los cosmonautas del camioncito llamado Cometa. Ya nos habíamos escrito un par de veces, y aprovechamos para conocernos en persona y hacer un trueque de nuestros respectivos productos (película por libros). Nos vimos una de esas lluviosas mañanas y platicamos mientras tomábamos un necesario chocolate caliente. Me contaron con detalle la historia de sus viajes por todo México para divulgar la astronomía y de cómo éstos llegaron a ser, además, un documental. Fue un placer verlos y una inspiración oir su fabuloso plan de retiro. Acá te pongo la foto que me envió Enoc.

lunes, 2 de agosto de 2010

De Cavorita y Selenitas

Acabo de terminar de leer Los primeros hombres en la Luna, de H.G. Wells y me encantó. Del mismo autor ya había leído La máquina del tiempo y La guerra de los mundos, pero este es mucho mejor.

Trata de un científico, el señor Cavor (pequeño, gordito, desgarbado y distraído), que está intentando hacer un compuesto que sea opaco a la gravedad del mismo modo que una pared es opaca a la luz. Inicialmente su interés es puramente teórico, pero más adelante se le ocurre hacer una esfera cubierta de ese material, llamado Cavorita, para así escapar la atracción de la Tierra e ir a la Luna. En este increíble viaje lo acompaña el señor Bedford (joven, emprendedor, fracasado y oportunista).

El libro contiene muchas ideas de física y biología, pero están bien integradas a la narración de modo que en ningún momento atosiga ni confunde. De física, me gustaron las descripciones del ambiente libre de gravedad dentro de la esfera, y de la libertad de movimiento allá en la Luna donde uno pesa 1/6 de lo que pesa acá. De biología, la flora que puede vivir en aquellas condiciones extremas, y los Selenitas que –por lo mismo- viven en el interior de nuestro satélite.

Obviamente hoy ya sabemos muchas de las cosas que Wells tuvo que imaginar en 1901, así que para apreciar su libro tenemos que ponernos en su lugar. Es interesante, además, saber que lo escribió después de -y en respuesta a- De la Tierra a la Luna de Julio Verne.

miércoles, 28 de julio de 2010

El arca de Noé

Salí de vacaciones y llovía: mañana, tarde y noche, día tras día. Regreso y, ¡sigue igual!

Por lo visto, en mi ausencia hubo una junta de vecinos y decidieron empezar a reunir los animales. A pesar de que no están permitidos, ya tenemos dos gatos y dos pericos. No veo señales del arca...

Gracias a mi hermana, estuve unos días en Cuernavaca. Conocí su cocina remodelada para hospedar su nuevo negocio de pastelería. Participé en la producción de delicias y, por supuesto, en el consumo de las mismas.

Y gracias a Orhan Pamuk estuve en varios Estambules: el suyo de niño, el de ahora, y el de varios cronistas turcos y extranjeros a través de los siglos. Me quedo con ganas de conocer más acerca del imperio otomano. También me gustaría leer a los cronistas de mi ciudad, y ver cómo se compara lo que ellos vivieron con lo que yo conozco.

Ahora, en sólo tres días, ya estoy completamente reinsertada mi realidad. Regresé para encontrar que ya salió mi artículo sobre la historia del Observatorio en la revista ¿Cómo ves? Acto seguido empecé a escribir otro para la página argentina Historia de la Astronomía. Recibí una nueva tesis para revisar, y ya casi termino de preparar las lecturas y el cartel para el curso que daré este semestre. Mañana voy al archivo histórico para ver cómo van Aline y Carlos con el FOAN, y el viernes haré lo propio con Liliana en el Instituto de Astronomía.

¡Qué bueno es desconectarse, y qué bueno regresar!

miércoles, 30 de junio de 2010

Cometas simultáneos

El 15 de julio se proyectará en 20 sitios a la misma hora el documental El viaje del cometa del cual te platiqué hace unos días. ¡Vale mucho la pena!



Estará en:

Tijuana
Zacatecas
Oaxaca
Distrito Federal
San Luis Potosí
Aguascalientes
Xalapa
Mérida
La Paz
Tlayacapan
Torreón
Morelia
Pachuca
Monterrey
Quintana Roo
Durango
León
Dolores
Lagos de Moreno

Para informes sobre la proyección en cada lugar, escribir a: ivonnefuentes@hotmail.com

miércoles, 16 de junio de 2010

Una nova michoacana

La semana pasada fui al Centro de Radioastronomía y Astrofísica (CRyA) en Morelia a dar una charla sobre la historia del Observatorio Astronómico Nacional. Como siempre, me dio mucho gusto estar allá. Hubo buenas preguntas y se nota que están interesados en el pasado de su disciplina.

Al terminar, Yolanda Gómez y Luis Felipe Rodríguez me llevaron a Zinapécuaro para hacer turismo histórico-astronómico. Hace tiempo, Luis Felipe me había platicado de un tocayo suyo, Felipe Rivera, que descubrió una nova. Rivera, que fue un hombre importante de Zinapécuaro en su tiempo, era además astrónomo aficionado, ¡y amigo de Camille Flammarion!

En febrero de 1901 vio una estrella muy brillante en la constelación de Perseo que no estaba ahí antes. Desafortunadamente la nova GK Persei (como se conoce ahora) fue detectada y reportada antes por el escocés Thomas Anderson. Aún así, es un evento notable por lo que nos dice sobre la vida del México de entonces.

Hoy la casa de Rivera es un museo donde resguardan muchos de sus libros, documentos y objetos personales. Acá estamos registrándonos a la entrada de la casa-museo (Yolanda fue la fotógrafa de la expedición).



Nos contaron que Rivera tocaba el violín, y hacía reuniones musicales. También daba pláticas sobre astronomía en este patio que ves. Uno de los cuartos, llamado, Salón Urania tiene un techo increible, que han conservado como él lo tenía.



Me dio mucho gusto ver que el museo se está volviendo, además, el archivo histórico de Zinapécuaro. Al parecer una semilla de historia ha germinado ahí.

martes, 8 de junio de 2010

De motu

Puesto que pasaste tanto tiempo haciendo experimentos y reflexionando acerca del movimiento, estoy segura de que apreciarás este video que me recomendó mi amigo Leonardo.



Este tipo de máquina, que funciona por una serie de reacciones en cadena, se llama de Rube Goldberg por el caricaturista estadounidense que dibujaba máquinas complicadísimas para hacer tareas de lo más simples. La que te pongo ahora es la afortundada colaboración entre el grupo de rock OK Go, ingenieros de Syyn Labs y algunos miembros del laboratorio JPL de la NASA.

domingo, 23 de mayo de 2010

Viajar en cometa

Ayer fui a ver una película que me encantó. Se llama El viaje del cometa y se trata de Enoc y Mari, una pareja de profesores mexicanos jubilados que adaptan un camioncito para que sea su casa, lo bautizan Cometa y se dedican a viajar en él combinando el paseo con la divulgación de la astronomía. La cinta está basada en una historia real, que puedes seguir en el blog La estela del cometa.


Me llegó hasta le médula porque se trata de dos de las cosas que más me gustan: viajar y contarle maravillas a otros. Pero además creo que toca un punto muy sensible en un momento en que me está costando mucho trabajo creer en algo. En contraste con mi actual estado de ánimo, la convicción y la perseverancia de estos dos aventureros-divulgadores son una gran inspiración.

martes, 18 de mayo de 2010

De montañas y mutilaciones

Desde hace rato que se me antoja releer La monaña mágica, de Thomas Mann. La primera vez me prestó su libro mi amigo Ernesto, pero él ahora vive en Barcelona, así que volvérselo a pedir está un poco difícil. Busqué alguna versión en audio, pero nomás no hay, así que finalmente el sábado emprendí una peligrosa expedición a la librería.

Como me suele suceder, iba por uno y salí con tres libros. El primero, que prácticamente me asaltó a la entrada, se llama Ciudades Sitiadas. Cien años a través de una metáfora arquitectónica y está escrito por Johanna Lozoya, que fue mi compañera en la prepa y a quien no he visto desde entonces. Se me antoja mucho pero se quedará en la pila de los libros que guardo para vacaciones.

El siguiente libro que me llamó la atención entre las demasiadas opciones lleva el breve título de Viaje al Japón. Se trata de una nueva edición de Viaje de la Comisión Mexicana al Japón para observar el tránsito del planeta Venus por el disco del Sol el 8 de diciembre de 1874, escrito por Francisco Díaz Covarrubias (de quien ya te he platicado antes).

Lo tomé sin dudar, pues se trata de una obra muy importante en la historia del inicio de la astronomía mexicana de la cual sólo he leído algunas partes porque es de difícil acceso. Camino a casa me iba imaginando el lujo de leer este libro completito en la comodidad de mi sillón favorito, y sufrí una gran desilusión al encontrar que esta nueva edición está incompleta. Y es que resulta que el editor, Hugo Diego, decidió omitir "las reflecciones y anotaciones de índole científica, dado su carácter de conocimiento especializado."

El resultado de esta mulitación arbitraria es, a mi parecer, otra obra completamente diferente de la original. Contiene el relato de un viaje que no se entiende (o, peor aún, se entiende mal), puesto que le han quitado la motivación, el eje mismo del viaje.

Y bueno, también encontré La montaña mágica, y ya estoy completamente sumergida en el ambiente de aquella fría montaña a donde iban a curarse los tuberculosos a principios del siglo XIX.

miércoles, 12 de mayo de 2010

¿Según quién?

Mañana empieza el taller de historia de la ciencia del cual te había platicado. Tendremos dos días de trabajo en los cuales compartiremos lo que sabemos del desarrollo de cada disciplina, y de las maneras en que se han escrito sus historias.


Esta Jornada Académica está organizada por el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, junto con el Institut de Recherche pour le Développement y debe ser muy interesante (siempre y cuando todos hayan hecho su parte, claro).

Lo que me toca a mí es una revisión de la historiografía de la astronomía en México. Es decir que voy a mostrar quiénes han escrito historias de la astronomía y tratar de analizar el panorama que resulta de verlas todas juntas. A muy grandes rasgos, lo que encontré en mi revisión es que hay dos tipos de historias: aquella escritas por los astrónomos, y aquellas escritas por los historiadores. Y, como te podrás imaginar, los textos de cada grupo son bien diferentes.

Del primer grupo hay muchos ejemplos, escritos para todo tipo de conmemoraciones como celebraciones nacionales (como nuestro tricentenario) o aniversarios astronómicos (en los cumpleaños del Observatorio Astronómico Nacional). Además, hay algunas memorias más personales. En todos estos textos se enfatizan los logros y las aportaciones de la astronomía para la ciencia y el país.

En el segundo grupo de historias, en cambio, hay muy pocos textos, y esto es reflejo de la escasez de historiadores de la astronomía aquí. Estos trabajos se enfocan en algún fenómeno en particular, como el aspecto social, o los instrumentos, o el lado de la comunicación pública. Lo que pretenden es arrojar luz sobre el asunto para así entenderlo mejor.

Lo que más me interesa es abrir a debate lo que falta, ¡que es mucho! A ver qué tal se pone la discusión.

domingo, 9 de mayo de 2010

La tarea

Se acerca el final del semestre y, con los pocos estudiantes que nos quedan, empezamos a preparar su trabajo final. A lo largo del semestre han escrito lo que mi amigo Alejandro llama un "bote pronto", es decir un breve ensayo que parte de alguna idea contenida en el artículo que leyeron cada semana. El propósito de estas tareas es que, suponiendo que han leído con cuidado y entendido el artículo (ya sé, un supuesto bastante fuerte!), ejerciten su capacidad de reflexionar y expresarlo por escrito.

Ahora, para terminar, quiero que hagan otro ejercicio: plantear un proyecto de investigación. Cada quién debe seleccionar una parte de tu obra y hacerse una pregunta. A continuación deberán tratar de imaginar el camino a tomar para responderla.

Como somos tan pocos, Aline y yo hemos decidido que también haremos un planteamiento de proyecto cada quién. Yo quiero abordar algo que atisbé mientras preparaba mis libros sobre tu trabajo, pero que no tuve tiempo de mirar con cuidado. Me llaman la atención las portadas de tus libros y quiero entender el significado de cada parte de ellas.

La mayoría de las portadas tienen el formato que supongo era el usual en tu época, como por ejemplo la del libro que explica el funcionamiento del compás geométrico militar que tú perfeccionaste.






Llevan el título de la obra, el nombre del autor y sus credenciales, el nombre de la persona a la cual se dedica y el lugar donde se publicó. Además, todos contienen un emblema, un grabado cuyas partes seguramente contienen mucha información representada gráficamente. Ésta es una de las partes que quiero entender mejor.

Hay dos portadas que son muy diferentes a ésta, que creo que es estándard. La de Il Saggiatore me da la sensación de ser más bien como un monumento:



Está repleta de información: como los telescopios, las abejas del emblema de Mafeo Barberini (Urbano VIII), el lince de la Academia de los Linceos, la representación de la filosofía y las matemáticas. Pero hace falta saber mucho más para entender bien cómo se integran todas estas partes, y qué imagen querías proyectar con el conjunto.

La portada de los Diálogos sobre los dos grandes sistemas del mundo ocupa dos páginas. La primera tiene el formato más estándard, y la segunda es nuevamente muy gráfica, pero con una forma muy libre:



Quiero entender, pues, qué significan las partes que integran estas portadas. Pero también me interesa seguir cómo se van transformando a lo largo del tiempo. Estoy segura de que reflejan quién eras en cada momento y quién querías ser. Por ejemplo, a lo largo de tus obras, debajo de tu nombre aparecen títulos distintos:

En el Compasso eras:
Noble florentino yprofesor de matemáticas
en el Estudio de Padua
en Sidereus Nuncius:
Patricio florentino y profesor de la Universidad de Padua
en el Discorso sobre los cuerpos que flotan:
Filósofo y matemático del Gran Duque de la Toscana
en las Manchas Solares:
Noble florentino, filósofo y matemático del Gran Duque
en Il Saggiatore:
Académico Linceo, Noble Florentino
y filósofo y matemático del Gran Duque
en los Diálogos:
Matemático del Estudio de Pisa y filósofo
y matemático del Gran Duque
y, por último, en los Discorsi, solamente:
Filósofo y matemático del Gran Duque
- o -
Este martes expondremos nuestros proyectos para oir los comentarios de los demás. Ya te contaré qué opinan los otros de lo que me interesa investigar.

sábado, 24 de abril de 2010

De la jaula al laberinto


Antes de que se acabe abril, intentaré ponerme al corriente contigo. En Semana Santa me fui (bueno, me quedé) de vacaciones y leí muchísimo. Por un lado, terminé el divertidísimo audiolibro The Screwtape Letters, de C.S. Lewis, al que llegué después de leer su conmovedor A Grief Observed. De niña leí todos sus libros de aventuras y fantasía, y no sabía que también escribió esto otro. Aunque no comparto en absoluto su perspectiva desde la religión, me deleité en su sentido del humor en la primera obra y me sorprendí por la profundidad y claridad de su introspección en la segunda. Seguro que buscaré otras obras suyas.

Como planeaba, leí el ensayo sobre la mexicanidad de Roger Bartra, La jaula de la melancolía. Disfruté tanto la forma como el contenido. Me abrió los ojos acerca de muchas cosas que no había pensado y, mejor aún, me dejó con muchas preguntas sin contestar. Al inicio de este texto publicado en 1987, el autor se hace una pregunta que es especialmente pertinente en este año de celebración tricentenaria:

¿Vamos a entrar en el tercer milenio con una conciencia nacional que es poco más que un conjunto de harapos procedentes del deshuesadero del siglo XX, mal cosidos por intelectuales de la primera mitad del siglo XX que pergeñaron un disfraz para que no asistamos desnudos al carnaval nacionalista?

Me quedo con ganas de leer muchas de las obras que cita Bartra, entre ellas El laberinto de la soledad de Octavio Paz. Es otro de esos que está aquí, en una repisa, esperando a que le toque su turno.

El libro de Tufte, en cambio, simplemente no me agarró y creo que se debe a que este gran autor empieza a repetirse. ¿Cómo hacer para evitarlo, para conservar esa "beginner's mind" de la que habla Suzuki? Una manera que se me ocurre es dejar del lado el tema viejo y empezar con uno nuevecito. Otra, un poco más difícil, sería abrirse para dejar entrar otros puntos de vista a nuestro trabajo.

Y después de ese brevísimo descanso, volví a ser engullida por el remolino de juntas-fechas límite-clases-artículos-dictámenes-seminarios del cual me asomo hasta hoy para escribirte. La última novedad de trabajo es que estoy organizando un pequeño archivo sobre una parte más reciente de la historia de la astronomía en México. Se trata de los (pocos) documentos que nos quedan del astrónomo estadounidense Harold Johnson, quien trabajó en el OAN en la década de los 70's. Gracias a Salvador Cuevas, conservamos algunas cartas y diagramas de instrumentos que están en tan mal estado, que hay que empezar por limpiarlos. Estoy haciendo esto en el Instituto de Astronomía, y el martes salí de ahí empanizada de polvo y quién sabe qué otras cosas. Cuando haya avanzado un poco más, te platico.

Sobre mi curso en la Facultad de Ciencias en el que estamos revisando la historia de tu vida y obra, sólo te puedo contar que me quedan algo así como 1.5 estudiantes. Esto no es porque lleguen al salón fragmentos de personas, sino porque la población es muy variable. Para la explicación de este curioso fenómeno también tendré que hacer algún promedio, pues oscilo entre flagelarme por incompetente y despreciarlos por holgazanes.

domingo, 11 de abril de 2010

Otra noche de estrellas

Creo que ya te lo había comentado: uno de los mejores resultados del Año Internacional de la Astronomía es que muchas de las actividades que se iniciaron entonces se van a seguir haciendo.


Dado el gran éxito que tuvo la noche de las estrellas de 2009, se prepara una nueva para este año. Será el sábado próximo, 17 de abril, en muchas sedes por todo el país. Puedes ver los detalles en:


http://www.nochedeestrellas.org.mx/estrellas_2010/

domingo, 4 de abril de 2010

Mes de poemas

Como recordarás, abril es un mes de poemas. Gracias al programa Poem a Day de la editorial Knopf, todos los días de abril encuentro un poema en mi buzón. El de ayer es parte del libro Where's the Moon, There's the Moon de Dan Chiasson, y me parece muy apropiado para volver al trabajo:

Next

If you can orbit the planet, why can't you see
what makes the human heart happy?
Is it art or is it sex?
Or is it, as I suspect, just keeping going

from next thing to next thing
to next thing to next thing
to next to next to next to next
pulsating stupidly to outlast time?

viernes, 26 de marzo de 2010

¡Vacaciones!

Se me han pasado los días y ya son más bien semanas desde que te escribo. Tengo pendiente contarte cómo voy con la clase sobre ti que estoy dando en la Facultad de Ciencias, y cómo fue escribir aquél artículo para niños de sexto de primaria (de 11 años, aprox.). Además, he avanzado en mi revisión sobre la historia de la historia de la astronomía en México para la ponencia que daré en mayo, y esto también está muy interesante.

...pero ¡tengo vacaciones por la Semana Santa! así que me temo que todo esto tendrá que esperar hasta que regrese.

Mis vacaciones van a ser aquí, ni siquiera en mi ciudad, en mi colonia. Procuraré moverme lo menos posible, y hacerlo muy lentamente, para así lograr la ilusión de contar con una vastísima cantidad de tiempo.

Tengo apartados dos libros que se me antoja mucho leer en este rato. Uno de ellos acaba de llegar a la biblioteca de la DGDC. Se trata del libro más reciente de uno de mis autores favoritos que me parece que te gustaría mucho a ti también. Edward Tufte es un experto en representación visual, y se ha vuelto algo así como un gurú de la visualización de datos, algo a lo que tú te dedicaste en los primeros años después de tu encuentro con el telescopio. Este libro, el quinto de una serie, se llama Beautiful Evidence y supongo que bastará con que te ponga el mero inicio para que se te antoje:
A colleague of Galileo , Federico Cesi, wrote that Galileo's 38 hand-drawn images of sunspots "delight both by the wonder of the spectacle and the acuracy of expression." This is beautiful evidence.
El otro libro que quiero leer en mis vacaciones está en el buró junto a mi cama desde hace meses, esperando pacientemente su turno. Se trata de una obra que he encontrado citada en muchos lugares interesantes y que creo que además de entretenido, me será muy útil. La jaula de la melancolía, del antropólogo mexicano Roger Bartra lleva el subtítulo: Identidad y metamorfosis del mexicano, con lo cual ya más o menos te puedes imaginar por dónde va.

Pero no sólo de libros vive esta mujer; tengo planes para ver a amigos, cocinar, y atender mi jardín que en esta temporada está creciendo tan rápido que exige mucha atención.

miércoles, 10 de marzo de 2010

¿Apagarán la luz!

Seguramente ya lo sabes, pues se está comentando por todos lados, y es un tema que te interesa mucho:

¡Quieren cerrar el Museo de la Luz!

Se trata de un pequeño gran museo donde tú te volverías loco, pues explican el fenómeno de la luz desde todos los posibles ángulos. Naturalmente hay cuestiones de física y astronomía sobre las cuales tú reflexionaste, pero también abordan su relación con otras áreas como la biología y la química.

Pues ahora nos estamos enterando de que el plan es cerrarlo en junio de este año, ¡así, sin agua va! Y es que el museo está en el edificio donde se firmó la constitución de 1824 y quieren convertir ese espacio en un museo de la constitución. Puedes leer más sobre esto en el periódico La Jornada.

Yo creo que no se debe cerrar un museo realmente exitoso como éste. Debe haber una forma de conciliar, como darle una parte del espacio al tema de la constitución.

Por lo pronto, ya se empezaron a hacer movilizaciones de varios tipos, tanto oficiales (como las que pueden hacer los individuos que crearon ese museo), como institucionales (Institutos de la UNAM). Además, se abrió una página en Facebook para que nos anotemos todos aquellos que queremos preservar este importante espacio. Hasta ahora van más de 4,500 anotados. Tú puedes ver la página y sumarte al esfuerzo en:

...ah! últimas noticias "será un cambio de sede"

jueves, 25 de febrero de 2010

¡Arúgula! ...creo

Para contarte lo que sigue tengo que empezar por confesar un pequeñísimo delito: el año pasado me traje de Venecia semillas de arúgula (un tipo de lechuga que tú conoces como rucola) y de albahaca (basilico para ti). Confesión cumplida.

Puesto que parece que finalmente se acabaron los fríos, este sábado planté dos hileras de cada tipo de semilla, usando sólo 1/10 del contenido de los sobres para ver cómo nos va. Bueno, pues esta tarde (jueves, sólo 5 días después) subí a regar las plantas que tengo en la azotea y encontré dos filas de plantitas, formadas como diminutos soldaditos verdes. Pueso que no les puse letrero a las macetas, no estoy segurísima, pero creo que se trata de las arúgulas. Cuando estén más grandes se deben de ver así:


Para entretenerme en lo que espero, he estado haciendo una revisión preliminar sobre el tema de mi siguiente artículo. Me invitaron de la Secretaría de Educación Pública para que escriba algo breve que aparecerá en el libro de texto de ciencias naturales de sexto de primaria. Quieren que les cuente acerca de algún proyecto actual de astronomía y esto me viene perfecto porque quiero hablar del proyecto en el que participa mi amigo Alan Watson.

Alan es de esos astrónomos que también hace la parte de la instrumentación. El año pasado lo escuché dar una plática acerca de un proyecto para robotizar dos de los telescopios que están en el Observatorio Astronómico Nacional, en San Pedro Mártir. Se trata de automatizar el funcionamiento de estos telescopios para que sirvan de vigías, atentos a los cambios en el cielo nocturno sin necesidad de que un astrónomo esté ahí todo el tiempo supervisando. Entre los cambios que esperan ver están las erupciones de rayos gamma, explosiones verdaderamente violentas que todavía no entendemos del todo. La semana que viene veré a Alan para entrevistarlo sobre los detalles y te cuento todo.

miércoles, 24 de febrero de 2010

De revolutionibus

Tu revolución no es mi revolución y eso fue lo que vimos en clase la semana pasada. Según muchos, fuiste parte de un movimiento llamado La Revolución Científica, pero te apuesto a que ni lo sabías. Para empezar, en tu época el término revolución se utilizaba para hablar de un movimiento, como el de los astros en torno del Sol. Es por eso, por ejemplo, que el libro de Copérnico se llama Sobre la revolución de los cuerpos celestes.

Para nosotros revolución significa un cambio violento en las instituciones políticas o sociales, y algunos historiadores en el siglo XX decidieron etiquetar como revolución lo que le sucedió a la ciencia por ahí del siglo XVII. Ahora se discute mucho esta etiqueta*, por varias razones. Nadie duda que hubo un cambio, del cual incluso ustedes estaban concientes. Fue entonces que la naturaleza se empezó a estudiar de una manera diferente: mediante experimentos, utilizando instrumentos y apoyados en las matemáticas. Pero esta transformación fue todo menos violenta; tardó muchos años (varias generaciones) en ser asimilada. Al final de casi un siglo, prácticamente todos estaban de acuerdo, pero ese periodo está lleno de personas y sucesos que hoy no reconocemos como científicos, y que sin embargo fueron importantes para el proceso.

La discusión en clase sobre este tema estuvo muy buena. Había mucho que decir y todos le entraron. En cambio, en la clase de ayer prácticamente no pasó nada. Los alumnos tenían que leer una versión muy sencilla de tu biografía, la que escribió Stillman Drake para el Dictionary of Scientific Biography. Aline (que además de trabajar en el archivo es ayudante del curso) y yo les llevamos varios otros ejemplos de tus biografías. Con tanto material uno pensaría que no nos hubieran alcanzado las dos horas, ¡pero hasta sobró tiempo! Quizás se les dificultó la lectura, primera que les dejo en inglés.

*Shapin, S. (2000), La Revolución Científica. Una interpretación alternativa, Paidós, Madrid
Bowler, P. y I.R. Morus (2005), Panorama general de la ciencia moderna (capítulo 2), Crítica, Madrid.

martes, 16 de febrero de 2010

Telescopios, tallarines y tormentas*

El viernes por la mañana envié mi artículo a Venecia. Me quedé muy contenta hasta el lunes, cuando vi que la editora respondió pidiendo que le agregue fotos (que no había puesto porque, si recuerdas, tenía MUY poco espacio). En fin, es fácil de resolver.

Te pongo las conclusiones del ensayo (traducidas y muy compactadas) pues me parece que con eso te puedes dar una buena idea de cómo es lo demás:

Justo al final del siglo XIX, Ángel Anguiano dejó el Observatorio y con esto terminó el comienzo de la vida del OAN. El repaso de esos veintidós años iniciales nos permite ver la variedad y diversidad de los factores involucrados en la fundación y consolidación de este espacio para la astronomía mexicana. Para empezar, había un grupo de ingenieros geógrafos que conocían lo que estaba sucediendo en la astronomía de entonces y estaban interesados en sumarse a esa tarea. Aunque no fue al primer intento, finalmente lograron el apoyo necesario para que en 1878 México tuviera su Observatorio Astronómico Nacional. Esto sólo se logró porque hombres como Anguiano y Díaz Covarrubias supieron combinar sus intereses con aquellos del gobierno. Casi diez años después de fundado, y gracias al empeño de Anguiano por promoverlo, el Observatorio recibió una importante invitación a formar parte del proyecto internacional Carta del Cielo. De este modo, el nuevo siglo encontró al Observatorio con un flamante edificio, un buen proyecto y un nuevo director, Felipe Valle.

Lo que siguió es lo que me toca averiguar a continuación. Fue un buen ejercicio escribir este texto; además de ordenar lo que llevo hecho, me aclaró mucho de lo que me queda por hacer. Todavía me tengo que sentar a hacer una lista de archivos, artículos y libros que me falta consultar, y preguntas que quiero responder.

Pero antes de todo eso, me tomé el fin de semana completamente de descanso. Además de "cultivar mi propio jardín", preparé tallarines japoneses de varias maneras. Aline, que trabaja conmigo en el archivo histórico, fue a Japón el año pasado. Como antes de que se fuera le platiqué que me llaman la atención los puestos o pequeños restoranes de tallarines que aparecen en las novelas de varios de mis autores japoneses favoritos, me trajo algunos para probar. Hice unos gorditos (Udon) con sopa y otros rizados (Ramen) con verduras sofritas y me quedé con ganas de seguir experimentando.

Hoy vi a Aline, que leyó el artículo sobre el Observatorio, y me hizo notar una simpática coincidencia. La expedición mexicana que fue a Japón en 1874 para presenciar el tránsito de Venus llegó a Kanagawa, mismo sitio donde Hokusai pintó La gran ola de Kanagawa, ¡que aparece en una mascada que ella me trajo de allá!

*Título inspirado en el que quizá es mi libro favorito sobre mi obra favorita de Galileo: Drake, S. (1957), Telescopes, Tides and Tactics: A Galilean Dialogue about the 'Starry Messenger' and 'Systems of the World', University of Chicago Press, Chicago.

martes, 9 de febrero de 2010

Engañar tulipanes

El fin de semana me compré tres tulipanes rojos. La señora que me los vendió me dijo que hay que ponerles cubos de hielo en la tierra, para que duren más. Así que llevo desde el sábado engañándolos para que crean que están en Holanda y no en Coyoacán.

Entre acarreos de hielo, terminé de escribir el artículo sobre el Observatorio. El domingo, acelerada por la taza de café con leche que llevaba dentro, me pareció que quedó de lo más bien. Ahora está en manos de mi amigo Alan, que es Inglés, y me va a hacer el favor de revisarlo. Cuando me lo regrese te cuento algunas partes.

También preparé la primera clase de mi curso sobre las maneras en que se han historiado tu vida y obra. La semana pasada fueron las inscripciones y se anotaron una chica y 9 chicos. Hoy empezamos y como introducción vimos un texto sobre la historia de la ciencia*. La discusión estuvo muy buena, pero la verdad me imaginaba que iban a tener reacciones más fuertes acerca de lo que leímos. Se trata del primer capítulo, donde los autores exponen las diferentes maneras en que se ha contado la historia de la ciencia. Cuenta cómo ahora se estudia la ciencia como una actividad social, y las cosas que se pueden ver con esa mirada. Debe ser porque son jóvenes, que no les causó tanto escozor ver, por ejemplo, que los científicos no son héroes inmaculados.

*Bowler, P. y I.R. Morus (2005), Panorama general de la ciencia moderna, Crítica, Madrid.

miércoles, 27 de enero de 2010

Eau d'astronomie

Estoy intentando meter un año de trabajo en 12 páginas y no está nada fácil. El 15 de febrero debo entregar el texto de la ponencia que di en el congreso de octubre. En no más de 28,800 caracteres (contando los espacios) debo decir de una manera coherente (e interesante, ¡espero!) todo lo que sé de la fundación y las primeras dos décadas del Observatorio Astronómico Nacional de México.

De entre la variedad de libros que describen el contexto de la astronomía hacia finales del siglo XIX, escogí el de Agnes M. Clerke* porque ella vivió en esa época y conoció muy bien lo que estaba sucediendo. De haber nacido un poco después, Clerke hubiera sido astrónoma, pero entonces -aún en Inglaterra- esto no era posible. Así que se volvió una divulgadora bastante especial, pues conoció bien a muchos astronomos y varios observatorios (tuvo la oportunidad de trabajar en algunos). Publicó muchos libros, y éste que te cuento fue el más exitoso.

La autora no es absolutamente objetiva, pero ¿quién sí lo es? En este libro hace especial énfasis en la importancia de los astrónomos amateurs, y en las aportaciones del Reino Unido a esta disciplina. De cualquier modo, gracias a ella tenemos la voz de un testigo, que presenció las interesantes discusiones que se dieron hacia el final del siglo XIX. Además, me gusta mucho la forma en que escribe. Por ejemplo, ¿te acuerdas que te conté sobre los espectros? Bueno, pues ve nomás cómo los explica ella:

The various rays which, entering the eye together in a confused croud, produce a compound impression made up of indistinguishable elements, are, by the mere passage through a triangular piece of glass, separated one from another, and ranged side by side in orderly succession, so that it becomes possible to tell at a glance what kinds of light are present, and what absent.

El libro me ha servido especialmente para entender el complejo entorno, tanto científico como social, en el cual se dieron las observaciones de los tránsitos de Venus de 1874 y 1882. Es notable que, sin astrónomos ni observatorios, hubo algunos mexicanos que entendieron lo que estaba pasando y supieron insertarse en este importante proyecto internacional.

Bueno, regreso a mi tarea de compactar información. ¡Si sólo pudiera hacer un perfume pequeñito que evocara todo lo que hay que contar!

* Clerke, Agnes M. (1902), A Popular History of Astronomy in the Nineteenth Century, Sattre Press, Decorah 2003.

martes, 19 de enero de 2010

Galileo en el teatro

Caminando por Universum hoy, me encontré este cartel:


y te lo pongo porque me imagino que te dará gusto saber que seguimos celebrándote.

Esta obra se dio el año pasado, pero no tuve oportunidad de verla. Ahora seguro que iré, y ya te contaré qué tal está.

miércoles, 13 de enero de 2010

Sentido contrario

Hace tanto frío, que esta mañana tuve que hacer una expedición de emergencia para buscar ropa térmica. Como hay obras por toda la ciudad para una nueva línea del Metro, cerraron una calle y cambiaron el sentido de otra, para sustituirla. Así que me tocó recorrer la calle de Parroquia en el sentido opuesto de aquel en que la había recorrido desde que tengo memoria (lo cual no es tantísimo tiempo, debo confesar, pues tengo una memoria de chorlito).

Fue una gran experiencia; sentía que estaba en un lugar completamente nuevo. Para empezar, iba viendo el otro lado de todo. Por ejemplo, hay una iglesia que siempre vi sólo de un costado, y ahora pude ver el frente. Además, fui descubriendo edificios y negocios en los que nunca había reparado.

Me gustó mucho esto de mirar algo muy conocido desde un ángulo diferente. ¡Ojalá pudiera hacer lo mismo con otras cosas! ¿Será que si me paro de cabeza mientras trabajo en el artículo que estoy preparando sobre la historia del Observatorio encuentre cosas que hasta ahora no había visto?

viernes, 8 de enero de 2010

De regreso

Tras tres deliciosas semanas de vacaciones (y cinco días de ajuste a la dura [¡y fría!] realidad), héme aquí de vuelta escribiendo.

Me temo que no tengo muchas cosas astronómicas que contarte. Me desconecté por completo del trabajo y dediqué mi tiempo a ver a amigos que no había visto, a iniciar una enredadera en mi terraza y a leer montones (ya te contaré más). Además me fui de viaje por cinco días a la Ciudad de México y disfruté mucho de caminar por el centro, ver museos y comer bien.

Generalmente cuando tengo más tiempo aprovecho para cocinar cosas nuevas y complicadas, pero esta vez no estaba de humor. Lo único que hice fue un lomo de cerdo relleno de espinacas, que resultó muy apropiado, pues recibí este año de centenario y bicentenario de la manera más patriótica: verde (espinacas), blanco (lomo) y rojo (salsa). Además, me quedó rico.

Aunque para muchos el Año Galileo terminó con 2009, para mí continúa. Este semestre daré un curso en la Facultad de Ciencias de la UNAM sobre las variadas maneras en que se ha contado la historia de tu vida y tu obra. Quiero hablar de los hechos, claro, pero también mostrar los diversos acercamientos que se han dado a la hora de contarlos. Te pongo el programa para que te vayas imaginando por dónde va el asunto, y ya te iré contando tanto lo que yo presente como las reacciones de los estudiantes.

Galileo en la historia

Introducción

La historia de la ciencia
La Revolución Científica

Los hechos

Vida
Obra (astronomía)
Obra (física)

Los enfoques

Los instrumentos
La acción de ver
Los experimentos
Las redes de científicos
Ciencia e iglesia
Ciencia en sociedad

Galileo en la cultura

En el arte
En la divulgación