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viernes, 16 de diciembre de 2011

Un artista eclipsado

Estoy empezando un tema nuevo de investigación. Es algo a lo que le tengo ganas desde hace tiempo, pero nomás no había podido llegar a ello. Se trata del eclipse total de sol de 1923, que sólo pudo ser observado en México.

Lo primero que hice fue revisar los documentos sobre este eclipse que se encuentran en el Fondo Observatorio Astronómico Nacional (FOAN). Aunque desafortunadamente no están muy completos, hay muchísimas pistas, hilos que puedo empezar a jalar para conocer bien cómo fue.

Entre los documentos que encontré están dos cartas del Dr. Atl. Ya te había platicado de su carta de 1940 sobre su teoría de las espirales en el universo. Bueno, pues estas son de 1923, y hablan de su próxima participación en la expedición del Observatorio a Yerbanís, Durango para observar y registrar el eclipse.

Las cartas vienen de Acapulco donde, al parecer, dirigía Acción Mundial, el diario de la tarde. Aunque no tenemos las respuestas de Gallo, se entiende que éste lo ha nombrado el artista de la expedición, tarea que se tomó muy en serio. Envía reportes detallados de su revisión de las maneras en que se han retratado los eclipses de sol hasta entonces. Las analiza y encuentra que tienen algunos problemas, de modo que propone un nuevo método. Aún no sé si el Dr. Atl llegó a Yerbanís e hizo los dibujos, pero seguiré buscando.

Se atraviesan las vacaciones y todos los archivos históricos estarán cerrados. Pero tal vez pueda averiguar algo más cuando vaya a la exposición sobre el artista que acaban de inaugurar en el Centro Cultural Tlatelolco.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Sirve

Esta semana constaté con una gran satisfacción que, tal y como debe ser, mi trabajo de ya casi cuatro años en la organización del Fondo Observatorio Astronómico Nacional (FOAN) les puede servir a otros.

Hace unos días me escribió Héctor Mendoza, historiador de la geografía, diciendo:


Debo integrar una breve semblanza para el próximo 19 de septiembre, cuando se inaugura la "plaza" Valentín Gama afuera del edificio del Instituto de Geografía. Ese día acude el Rector y se presenta el libro: Un siglo de la Universidad Nacional de México 1910 – 2010. Sus huellas en el espacio a través del tiempo, acto al cual estás cordialmente invitada a las18:00 hrs.
y aunque todavía no terminamos la organización, con pocas indicaciones pude orientarlo para que encuentre lo que ahí tenemos de este ingeniero geógrafo que fue el tercer director del Observatorio.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Observar, experimentar

La semana pasada me llegó por correo un lindo paquete. Contenía tres libros. Uno enorme para mi padre con los crucigramas del domingo (que son los más difíciles) del New York Times. La novela (ahora convertida en película) The Elegance of the Hedgehog, para mi hermana que no quiso escucharlo en mi audiolibro. Y Histories of Scientific Observation, para mí.

Apenas esta semana pude empezar a leerlo y estoy encantada. Fue editado por Lorraine Daston (co-autora de Wonders and the order of Nature, uno de mis libros favoritos de todos los tiempos) y Elizabeth Lunbeck.

La primera sección, con tres capítulos, aborda la historia de la palabra, la idea y la actividad "observación". Empiezan en la Edad Media, donde prácticamente ni se menciona la palabra y la actividad está por ahí dentro de las muchas comprendidas en el vasto y vago término "experimentar". Y llegan al siglo XVIII, cuando las observaciones y los observadores ya tienen un lugar muy claro en el quehacer de la ciencia. El conjunto de los tres ensayos produce un panorama del desarrollo de esta actividad que ahora tomamos por hecho.

Te transcribo un párrafo del capítulo de Daston que me encantó:


How did the term "observation" broaden its meaning and significance to become an essential aspect of both the theory and practice of natural knowledge by the late seventeenth century? The obverse of this question is how the widely diffused, all-purpose word "experiment" during the same period narrowed its scope to denote a carefully designed human intervention into the ordinary course of nature.

lunes, 25 de abril de 2011

Luis Enrique Erro

En estas (cortísimas) vacaciones hice un voto de pureza: no prendí la computadora en 8 días. ¡Me hizo muchísimo bien!

También me había prometido a mí misma no hacer NADA de trabajo, pero ahí me temo que fallé. No me pude esperar y leí los dos libros sobre Luis Enrique Erro que me regaló su autor una semana antes.

Alejandro Coca es profesor de física en una preparatoria del Instituto Politécnico Nacional IPN que se llama Luis Enrique Erro. Un día, Alejandro decidió averiguar quién fue Erro, y terminó escribiendo dos libros sobre él.

Los leí en el mismo orden en que aparecieron (y que te los pongo) y me gustaron muchísimo. Están muy bien investigados, e igualmente bien escritos. Cuentan la vida de un mexicano que en sólo 58 años fue político, periodista, astrónomo y literato. Erro tiene un lugar muy importante en la historia de la astronomía en México por su papel en la fundación del Observatorio en Tonanzintla.

lunes, 11 de abril de 2011

Las voces del público

El sitio Historia de la Astronomía acaba de publicarme un artículo sobre las cartas que recibió Joaquín Gallo mientras fue director del Observatorio Astronómico Nacional. Lo llamé Las voces del público, pues encuentro que a través de las cartas podemos "oír" quiénes eran, qué sabían y qué querían de la astronomía los mexicanos de entonces.

Este material es parte de un artículo más amplio que me he propuesto terminar a finales junio, para irme de vacaciones sin pendientes. Tengo mucho material, y estoy encontrando aún más ahora que he estado revisando una vez más el FOAN que ya está organizado. Ya te iré contando...

viernes, 1 de octubre de 2010

Hágalo usted mismo

¿Conociste al astrónomo polaco Johannes Hevelius? Aunque nació mucho después que tú, ya estaba trabajando antes de que murieras, así que tal vez supiste algo sobre él.

Esta semana leí un artículo* sobre su libro Selenografía de 1647 donde puedes ver por dónde siguió la astronomía en el periodo justo después del tuyo. Desde el fronstispicio de la obra el autor deja bien claro que cree que se deben utilizar tanto la razón (representada por Alhazen, a la izquierda) como los sentidos (representados por ti, derecha). Como puedes ver la combinación de teoría y práctica, inaudita antes de tus tiempos, se volvió indispensable bien pronto.


Este libro (que puedes ver completo aquí) es al mismo tiempo un manual y un atlas. Comienza con una parte técnica donde describe con mucho detalle cómo construyó y utilizó sus telescopios. Éste, por ejemplo, es un grabado que muestra el torno que utilizó para pulir las lentes. El nivel de detalle al que llega es tal que su lector debiera poder construir su propio telescopio.


La segunda parte del libro es un atlas de la Luna. Contiene imágenes como esta, con una Luna llena, y series o secuencias en las que van cambiando las fases o grados de iluminación.


Como en el caso de Bruno, Hevelius hizo él mismo todos estos grabados, pero la razón en su caso es que le preocupaba que un grabador alterara las imágenes. Combinando palabras, diagramas y dibujos intentó llevar su experiencia personal de observación hasta sus lectores.

*Müller, K. (2010), "How to Craft Telescopic Observation in a Book: Hevelius's Selenographia (1647) and its Images", Journal for the History of Astronomy, xli, 2010.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Centro, círculo, circunferencia

Yo no sabía que Giordano Bruno había hecho los grabados para sus libros. En un artículo que acabo de leer* encontré algunas de las imágenes -sencillas y muy fuertes- que utilizó para explicar mejor sus ideas. Y es que él creía que el acto mismo de crear las imágenes le permite a la mente aprehender verdades más altas. Por ejemplo, en el diálogo de La cena de las cenizas, Torcuato dibuja esto para explicar y contrastar los universos de Tolomeo y Copérnico.

Como seguramente sabías, Bruno imaginó que el universo era infinito, que había más mundos que el nuestro y que cada estrella era el centro de un sistema con otros planetas. En varias de sus obras escribió y dibujó el modo en que creía que esto podía acomodarse. Por ejemplo, en su De triplici minimo et mensura, aparece este grabado en que muestra que cada mundo como el nuestro tiene seis mundos vecinos.

En todas sus obras aparecen los centros, círculos y circunferencias, tanto en las que tratan de geometría como las de teología. Para enfatizar sus ideas y convencer a sus lectores, agregó imágenes como estas que ves.

*Luthy, Christoph, "Centre, Circle, Circumference: Giordano Bruno's Astronomical Woodcuts", Journal for the History of Astronomy, xli, 2010.

jueves, 19 de agosto de 2010

La influencia de los astros

A pesar de todo el trabajo que hacemos los astrónomos para convencer a los demás de que la posición de los astros no influye en el destino de los seres humanos, el efecto del planeta Venus en el nacimiento de la astronomía profesional mexicana demuestra lo contrario. Ve el artículo que escribí sobre el tema para el blog Historia de la Astronomía y dime qué te parece.

viernes, 13 de agosto de 2010

Serendipia archivológica

El trabajo de organización del Fondo Observatorio Astronómico Nacional va viento en popa. A finales de este mes todo (menos las hojas y cuadernos de cálculos) estará catalogado y ordenado de tal modo que se puede consultar con mucha facilidad. Todavía falta la fase de descripción, que resultará en un catálogo detallado, pero eso tendrá que esperar, pues Aline y Carlos se van.

Mientras tanto, junto con otra estudiante, Liliana, he comenzado a organizar algunos archivos del Instituto de Astronomía que son más pequeños y contienen documentos de un periodo más reciente, que no está representado en el FOAN (los 70s y 80s del siglo XX). En mayo empezamos con el Fondo Harold Johnson que consiste en aproximadamente 4 cajas (un poco más grandes que revisteros) con correspondencia y planos para la construcción de instrumentos. Estos documentos reflejan algo del trabajo que hizo este estadounidense en su estancia en México. Johnson trabajó especialmente en el telescopio de 1.5m de diámetro de San Pedro Mártir, que llegó a México gracias a él.

Empezamos por limpiar los documentos, luego los organizamos en expedientes, y finalmente hicimos un catálogo con la descripción del contenido de cada expediente. Nos resultó muy bueno trabajar primero con este fondo pequeño (con sólo 20 expedientes), pues así pudimos ir entendiendo (¡o inventando!) los pasos del proceso.

Ahora estamos felizmente sumergidas en el conjunto de documentos que pertenecieron a Robert Noble, otro estadounidense que trabajó en el IA por esos años. Este fondo es mucho más grande, tiene aproximadamente 200 expedientes, y pensamos que nos iba a tomar muchísimo tiempo organizarlo. Sin embargo, para nuestra gran fortuna, Noble era un hombre muy ordenado, y dejó todo en carpetas etiquetadas por temas. Además, Paco Cobos y Carlos Tejada -ópticos del Instituto- conservaron los documentos con mucho cuidado.

Para hacer todo este trabajo, el IA nos prestó una oficina que por el momento no se está utilizando. Como el Fondo Robert Noble es grande, Liliana tuvo que vaciar un archivero para hacer espacio para las carpetas con documentos mientras los organizamos. Ahí encontro, así nomás, un conjunto de documentos que pertenecieron a Claudio Firmani, un compatriota tuyo que trabajó mucho tiempo en el Instituto y ahora ya está de vuelta en Italia. Firmani estuvo involucrado, junto con Gianfranco Bisiacchi, en el desarrollo de un detector llamado MEPSICRON y estos pocos papeles tienen que ver con ese proyecto.

Me encantó encontrar esos documentos, pues confirman mi sospecha de que cada oficina tiene un pedacito de la historia del Instituto. En octubre haremos un coloquio para mostrarle a los astrónomos lo que llevamos avanzado e invitarlos a que cada quién contribuya con una parte y así podamos armar un archivo de un periodo sobre el cual hay muy poca documentación. Juntos tendremos que pensar qué queremos resguardar, y cómo.

jueves, 12 de agosto de 2010

¿Para quién escribió Galileo?

Encuentro con gusto que ya salió un artículo mío en la revista Elementos. Se trata de un texto que escribí para la serie de mesas redondas Galileo y Darwin: 400 años de herejías el año pasado, y que finalmente encontró, como diría Aristóteles, su lugar natural. Se llama "¿Para quién escribió Galileo?" y en él hago una relectura de cosas muy conocidas sobre tu vida, pero desde un punto de vista novedoso. Separando en tres etapas tu vida (matemático y profesor, filósofo en Florencia, filósofo "free-lance"), reviso la comunicación que sostuviste a través de una variedad de medios (clases, conferencias, debates, cartas, manuscritos, libros) con un muy diversos interlocutores (astrónomos, filósofos, cortesanos) y con propósitos también variados.



Te pongo mis conclusiones esperando que se te antoje ir a ver cómo llegué a ellas:

Galileo escribió para sí mismo, para sus estudiantes y colegas, para sus mecenas y contra sus enemigos. Sin proponérselo, también escribió para un público más amplio de su tiempo y para todos nosotros. A través del conjunto de sus documentos, nos ha dejado un detallado retrato de la Italia que le tocó vivir. Vemos las instituciones y sus tradiciones, las profesiones y sus prácticas, las personas y sus intereses. Y, dentro de este contexto, hemos podido constatar la importancia de las diversas formas de comunicación en el quehacer de eso que hoy llamamos ciencia.

miércoles, 16 de junio de 2010

Una nova michoacana

La semana pasada fui al Centro de Radioastronomía y Astrofísica (CRyA) en Morelia a dar una charla sobre la historia del Observatorio Astronómico Nacional. Como siempre, me dio mucho gusto estar allá. Hubo buenas preguntas y se nota que están interesados en el pasado de su disciplina.

Al terminar, Yolanda Gómez y Luis Felipe Rodríguez me llevaron a Zinapécuaro para hacer turismo histórico-astronómico. Hace tiempo, Luis Felipe me había platicado de un tocayo suyo, Felipe Rivera, que descubrió una nova. Rivera, que fue un hombre importante de Zinapécuaro en su tiempo, era además astrónomo aficionado, ¡y amigo de Camille Flammarion!

En febrero de 1901 vio una estrella muy brillante en la constelación de Perseo que no estaba ahí antes. Desafortunadamente la nova GK Persei (como se conoce ahora) fue detectada y reportada antes por el escocés Thomas Anderson. Aún así, es un evento notable por lo que nos dice sobre la vida del México de entonces.

Hoy la casa de Rivera es un museo donde resguardan muchos de sus libros, documentos y objetos personales. Acá estamos registrándonos a la entrada de la casa-museo (Yolanda fue la fotógrafa de la expedición).



Nos contaron que Rivera tocaba el violín, y hacía reuniones musicales. También daba pláticas sobre astronomía en este patio que ves. Uno de los cuartos, llamado, Salón Urania tiene un techo increible, que han conservado como él lo tenía.



Me dio mucho gusto ver que el museo se está volviendo, además, el archivo histórico de Zinapécuaro. Al parecer una semilla de historia ha germinado ahí.

martes, 18 de mayo de 2010

De montañas y mutilaciones

Desde hace rato que se me antoja releer La monaña mágica, de Thomas Mann. La primera vez me prestó su libro mi amigo Ernesto, pero él ahora vive en Barcelona, así que volvérselo a pedir está un poco difícil. Busqué alguna versión en audio, pero nomás no hay, así que finalmente el sábado emprendí una peligrosa expedición a la librería.

Como me suele suceder, iba por uno y salí con tres libros. El primero, que prácticamente me asaltó a la entrada, se llama Ciudades Sitiadas. Cien años a través de una metáfora arquitectónica y está escrito por Johanna Lozoya, que fue mi compañera en la prepa y a quien no he visto desde entonces. Se me antoja mucho pero se quedará en la pila de los libros que guardo para vacaciones.

El siguiente libro que me llamó la atención entre las demasiadas opciones lleva el breve título de Viaje al Japón. Se trata de una nueva edición de Viaje de la Comisión Mexicana al Japón para observar el tránsito del planeta Venus por el disco del Sol el 8 de diciembre de 1874, escrito por Francisco Díaz Covarrubias (de quien ya te he platicado antes).

Lo tomé sin dudar, pues se trata de una obra muy importante en la historia del inicio de la astronomía mexicana de la cual sólo he leído algunas partes porque es de difícil acceso. Camino a casa me iba imaginando el lujo de leer este libro completito en la comodidad de mi sillón favorito, y sufrí una gran desilusión al encontrar que esta nueva edición está incompleta. Y es que resulta que el editor, Hugo Diego, decidió omitir "las reflecciones y anotaciones de índole científica, dado su carácter de conocimiento especializado."

El resultado de esta mulitación arbitraria es, a mi parecer, otra obra completamente diferente de la original. Contiene el relato de un viaje que no se entiende (o, peor aún, se entiende mal), puesto que le han quitado la motivación, el eje mismo del viaje.

Y bueno, también encontré La montaña mágica, y ya estoy completamente sumergida en el ambiente de aquella fría montaña a donde iban a curarse los tuberculosos a principios del siglo XIX.

miércoles, 12 de mayo de 2010

¿Según quién?

Mañana empieza el taller de historia de la ciencia del cual te había platicado. Tendremos dos días de trabajo en los cuales compartiremos lo que sabemos del desarrollo de cada disciplina, y de las maneras en que se han escrito sus historias.


Esta Jornada Académica está organizada por el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, junto con el Institut de Recherche pour le Développement y debe ser muy interesante (siempre y cuando todos hayan hecho su parte, claro).

Lo que me toca a mí es una revisión de la historiografía de la astronomía en México. Es decir que voy a mostrar quiénes han escrito historias de la astronomía y tratar de analizar el panorama que resulta de verlas todas juntas. A muy grandes rasgos, lo que encontré en mi revisión es que hay dos tipos de historias: aquella escritas por los astrónomos, y aquellas escritas por los historiadores. Y, como te podrás imaginar, los textos de cada grupo son bien diferentes.

Del primer grupo hay muchos ejemplos, escritos para todo tipo de conmemoraciones como celebraciones nacionales (como nuestro tricentenario) o aniversarios astronómicos (en los cumpleaños del Observatorio Astronómico Nacional). Además, hay algunas memorias más personales. En todos estos textos se enfatizan los logros y las aportaciones de la astronomía para la ciencia y el país.

En el segundo grupo de historias, en cambio, hay muy pocos textos, y esto es reflejo de la escasez de historiadores de la astronomía aquí. Estos trabajos se enfocan en algún fenómeno en particular, como el aspecto social, o los instrumentos, o el lado de la comunicación pública. Lo que pretenden es arrojar luz sobre el asunto para así entenderlo mejor.

Lo que más me interesa es abrir a debate lo que falta, ¡que es mucho! A ver qué tal se pone la discusión.

domingo, 9 de mayo de 2010

La tarea

Se acerca el final del semestre y, con los pocos estudiantes que nos quedan, empezamos a preparar su trabajo final. A lo largo del semestre han escrito lo que mi amigo Alejandro llama un "bote pronto", es decir un breve ensayo que parte de alguna idea contenida en el artículo que leyeron cada semana. El propósito de estas tareas es que, suponiendo que han leído con cuidado y entendido el artículo (ya sé, un supuesto bastante fuerte!), ejerciten su capacidad de reflexionar y expresarlo por escrito.

Ahora, para terminar, quiero que hagan otro ejercicio: plantear un proyecto de investigación. Cada quién debe seleccionar una parte de tu obra y hacerse una pregunta. A continuación deberán tratar de imaginar el camino a tomar para responderla.

Como somos tan pocos, Aline y yo hemos decidido que también haremos un planteamiento de proyecto cada quién. Yo quiero abordar algo que atisbé mientras preparaba mis libros sobre tu trabajo, pero que no tuve tiempo de mirar con cuidado. Me llaman la atención las portadas de tus libros y quiero entender el significado de cada parte de ellas.

La mayoría de las portadas tienen el formato que supongo era el usual en tu época, como por ejemplo la del libro que explica el funcionamiento del compás geométrico militar que tú perfeccionaste.






Llevan el título de la obra, el nombre del autor y sus credenciales, el nombre de la persona a la cual se dedica y el lugar donde se publicó. Además, todos contienen un emblema, un grabado cuyas partes seguramente contienen mucha información representada gráficamente. Ésta es una de las partes que quiero entender mejor.

Hay dos portadas que son muy diferentes a ésta, que creo que es estándard. La de Il Saggiatore me da la sensación de ser más bien como un monumento:



Está repleta de información: como los telescopios, las abejas del emblema de Mafeo Barberini (Urbano VIII), el lince de la Academia de los Linceos, la representación de la filosofía y las matemáticas. Pero hace falta saber mucho más para entender bien cómo se integran todas estas partes, y qué imagen querías proyectar con el conjunto.

La portada de los Diálogos sobre los dos grandes sistemas del mundo ocupa dos páginas. La primera tiene el formato más estándard, y la segunda es nuevamente muy gráfica, pero con una forma muy libre:



Quiero entender, pues, qué significan las partes que integran estas portadas. Pero también me interesa seguir cómo se van transformando a lo largo del tiempo. Estoy segura de que reflejan quién eras en cada momento y quién querías ser. Por ejemplo, a lo largo de tus obras, debajo de tu nombre aparecen títulos distintos:

En el Compasso eras:
Noble florentino yprofesor de matemáticas
en el Estudio de Padua
en Sidereus Nuncius:
Patricio florentino y profesor de la Universidad de Padua
en el Discorso sobre los cuerpos que flotan:
Filósofo y matemático del Gran Duque de la Toscana
en las Manchas Solares:
Noble florentino, filósofo y matemático del Gran Duque
en Il Saggiatore:
Académico Linceo, Noble Florentino
y filósofo y matemático del Gran Duque
en los Diálogos:
Matemático del Estudio de Pisa y filósofo
y matemático del Gran Duque
y, por último, en los Discorsi, solamente:
Filósofo y matemático del Gran Duque
- o -
Este martes expondremos nuestros proyectos para oir los comentarios de los demás. Ya te contaré qué opinan los otros de lo que me interesa investigar.

sábado, 24 de abril de 2010

De la jaula al laberinto


Antes de que se acabe abril, intentaré ponerme al corriente contigo. En Semana Santa me fui (bueno, me quedé) de vacaciones y leí muchísimo. Por un lado, terminé el divertidísimo audiolibro The Screwtape Letters, de C.S. Lewis, al que llegué después de leer su conmovedor A Grief Observed. De niña leí todos sus libros de aventuras y fantasía, y no sabía que también escribió esto otro. Aunque no comparto en absoluto su perspectiva desde la religión, me deleité en su sentido del humor en la primera obra y me sorprendí por la profundidad y claridad de su introspección en la segunda. Seguro que buscaré otras obras suyas.

Como planeaba, leí el ensayo sobre la mexicanidad de Roger Bartra, La jaula de la melancolía. Disfruté tanto la forma como el contenido. Me abrió los ojos acerca de muchas cosas que no había pensado y, mejor aún, me dejó con muchas preguntas sin contestar. Al inicio de este texto publicado en 1987, el autor se hace una pregunta que es especialmente pertinente en este año de celebración tricentenaria:

¿Vamos a entrar en el tercer milenio con una conciencia nacional que es poco más que un conjunto de harapos procedentes del deshuesadero del siglo XX, mal cosidos por intelectuales de la primera mitad del siglo XX que pergeñaron un disfraz para que no asistamos desnudos al carnaval nacionalista?

Me quedo con ganas de leer muchas de las obras que cita Bartra, entre ellas El laberinto de la soledad de Octavio Paz. Es otro de esos que está aquí, en una repisa, esperando a que le toque su turno.

El libro de Tufte, en cambio, simplemente no me agarró y creo que se debe a que este gran autor empieza a repetirse. ¿Cómo hacer para evitarlo, para conservar esa "beginner's mind" de la que habla Suzuki? Una manera que se me ocurre es dejar del lado el tema viejo y empezar con uno nuevecito. Otra, un poco más difícil, sería abrirse para dejar entrar otros puntos de vista a nuestro trabajo.

Y después de ese brevísimo descanso, volví a ser engullida por el remolino de juntas-fechas límite-clases-artículos-dictámenes-seminarios del cual me asomo hasta hoy para escribirte. La última novedad de trabajo es que estoy organizando un pequeño archivo sobre una parte más reciente de la historia de la astronomía en México. Se trata de los (pocos) documentos que nos quedan del astrónomo estadounidense Harold Johnson, quien trabajó en el OAN en la década de los 70's. Gracias a Salvador Cuevas, conservamos algunas cartas y diagramas de instrumentos que están en tan mal estado, que hay que empezar por limpiarlos. Estoy haciendo esto en el Instituto de Astronomía, y el martes salí de ahí empanizada de polvo y quién sabe qué otras cosas. Cuando haya avanzado un poco más, te platico.

Sobre mi curso en la Facultad de Ciencias en el que estamos revisando la historia de tu vida y obra, sólo te puedo contar que me quedan algo así como 1.5 estudiantes. Esto no es porque lleguen al salón fragmentos de personas, sino porque la población es muy variable. Para la explicación de este curioso fenómeno también tendré que hacer algún promedio, pues oscilo entre flagelarme por incompetente y despreciarlos por holgazanes.

miércoles, 24 de febrero de 2010

De revolutionibus

Tu revolución no es mi revolución y eso fue lo que vimos en clase la semana pasada. Según muchos, fuiste parte de un movimiento llamado La Revolución Científica, pero te apuesto a que ni lo sabías. Para empezar, en tu época el término revolución se utilizaba para hablar de un movimiento, como el de los astros en torno del Sol. Es por eso, por ejemplo, que el libro de Copérnico se llama Sobre la revolución de los cuerpos celestes.

Para nosotros revolución significa un cambio violento en las instituciones políticas o sociales, y algunos historiadores en el siglo XX decidieron etiquetar como revolución lo que le sucedió a la ciencia por ahí del siglo XVII. Ahora se discute mucho esta etiqueta*, por varias razones. Nadie duda que hubo un cambio, del cual incluso ustedes estaban concientes. Fue entonces que la naturaleza se empezó a estudiar de una manera diferente: mediante experimentos, utilizando instrumentos y apoyados en las matemáticas. Pero esta transformación fue todo menos violenta; tardó muchos años (varias generaciones) en ser asimilada. Al final de casi un siglo, prácticamente todos estaban de acuerdo, pero ese periodo está lleno de personas y sucesos que hoy no reconocemos como científicos, y que sin embargo fueron importantes para el proceso.

La discusión en clase sobre este tema estuvo muy buena. Había mucho que decir y todos le entraron. En cambio, en la clase de ayer prácticamente no pasó nada. Los alumnos tenían que leer una versión muy sencilla de tu biografía, la que escribió Stillman Drake para el Dictionary of Scientific Biography. Aline (que además de trabajar en el archivo es ayudante del curso) y yo les llevamos varios otros ejemplos de tus biografías. Con tanto material uno pensaría que no nos hubieran alcanzado las dos horas, ¡pero hasta sobró tiempo! Quizás se les dificultó la lectura, primera que les dejo en inglés.

*Shapin, S. (2000), La Revolución Científica. Una interpretación alternativa, Paidós, Madrid
Bowler, P. y I.R. Morus (2005), Panorama general de la ciencia moderna (capítulo 2), Crítica, Madrid.

martes, 16 de febrero de 2010

Telescopios, tallarines y tormentas*

El viernes por la mañana envié mi artículo a Venecia. Me quedé muy contenta hasta el lunes, cuando vi que la editora respondió pidiendo que le agregue fotos (que no había puesto porque, si recuerdas, tenía MUY poco espacio). En fin, es fácil de resolver.

Te pongo las conclusiones del ensayo (traducidas y muy compactadas) pues me parece que con eso te puedes dar una buena idea de cómo es lo demás:

Justo al final del siglo XIX, Ángel Anguiano dejó el Observatorio y con esto terminó el comienzo de la vida del OAN. El repaso de esos veintidós años iniciales nos permite ver la variedad y diversidad de los factores involucrados en la fundación y consolidación de este espacio para la astronomía mexicana. Para empezar, había un grupo de ingenieros geógrafos que conocían lo que estaba sucediendo en la astronomía de entonces y estaban interesados en sumarse a esa tarea. Aunque no fue al primer intento, finalmente lograron el apoyo necesario para que en 1878 México tuviera su Observatorio Astronómico Nacional. Esto sólo se logró porque hombres como Anguiano y Díaz Covarrubias supieron combinar sus intereses con aquellos del gobierno. Casi diez años después de fundado, y gracias al empeño de Anguiano por promoverlo, el Observatorio recibió una importante invitación a formar parte del proyecto internacional Carta del Cielo. De este modo, el nuevo siglo encontró al Observatorio con un flamante edificio, un buen proyecto y un nuevo director, Felipe Valle.

Lo que siguió es lo que me toca averiguar a continuación. Fue un buen ejercicio escribir este texto; además de ordenar lo que llevo hecho, me aclaró mucho de lo que me queda por hacer. Todavía me tengo que sentar a hacer una lista de archivos, artículos y libros que me falta consultar, y preguntas que quiero responder.

Pero antes de todo eso, me tomé el fin de semana completamente de descanso. Además de "cultivar mi propio jardín", preparé tallarines japoneses de varias maneras. Aline, que trabaja conmigo en el archivo histórico, fue a Japón el año pasado. Como antes de que se fuera le platiqué que me llaman la atención los puestos o pequeños restoranes de tallarines que aparecen en las novelas de varios de mis autores japoneses favoritos, me trajo algunos para probar. Hice unos gorditos (Udon) con sopa y otros rizados (Ramen) con verduras sofritas y me quedé con ganas de seguir experimentando.

Hoy vi a Aline, que leyó el artículo sobre el Observatorio, y me hizo notar una simpática coincidencia. La expedición mexicana que fue a Japón en 1874 para presenciar el tránsito de Venus llegó a Kanagawa, mismo sitio donde Hokusai pintó La gran ola de Kanagawa, ¡que aparece en una mascada que ella me trajo de allá!

*Título inspirado en el que quizá es mi libro favorito sobre mi obra favorita de Galileo: Drake, S. (1957), Telescopes, Tides and Tactics: A Galilean Dialogue about the 'Starry Messenger' and 'Systems of the World', University of Chicago Press, Chicago.

martes, 9 de febrero de 2010

Engañar tulipanes

El fin de semana me compré tres tulipanes rojos. La señora que me los vendió me dijo que hay que ponerles cubos de hielo en la tierra, para que duren más. Así que llevo desde el sábado engañándolos para que crean que están en Holanda y no en Coyoacán.

Entre acarreos de hielo, terminé de escribir el artículo sobre el Observatorio. El domingo, acelerada por la taza de café con leche que llevaba dentro, me pareció que quedó de lo más bien. Ahora está en manos de mi amigo Alan, que es Inglés, y me va a hacer el favor de revisarlo. Cuando me lo regrese te cuento algunas partes.

También preparé la primera clase de mi curso sobre las maneras en que se han historiado tu vida y obra. La semana pasada fueron las inscripciones y se anotaron una chica y 9 chicos. Hoy empezamos y como introducción vimos un texto sobre la historia de la ciencia*. La discusión estuvo muy buena, pero la verdad me imaginaba que iban a tener reacciones más fuertes acerca de lo que leímos. Se trata del primer capítulo, donde los autores exponen las diferentes maneras en que se ha contado la historia de la ciencia. Cuenta cómo ahora se estudia la ciencia como una actividad social, y las cosas que se pueden ver con esa mirada. Debe ser porque son jóvenes, que no les causó tanto escozor ver, por ejemplo, que los científicos no son héroes inmaculados.

*Bowler, P. y I.R. Morus (2005), Panorama general de la ciencia moderna, Crítica, Madrid.

miércoles, 27 de enero de 2010

Eau d'astronomie

Estoy intentando meter un año de trabajo en 12 páginas y no está nada fácil. El 15 de febrero debo entregar el texto de la ponencia que di en el congreso de octubre. En no más de 28,800 caracteres (contando los espacios) debo decir de una manera coherente (e interesante, ¡espero!) todo lo que sé de la fundación y las primeras dos décadas del Observatorio Astronómico Nacional de México.

De entre la variedad de libros que describen el contexto de la astronomía hacia finales del siglo XIX, escogí el de Agnes M. Clerke* porque ella vivió en esa época y conoció muy bien lo que estaba sucediendo. De haber nacido un poco después, Clerke hubiera sido astrónoma, pero entonces -aún en Inglaterra- esto no era posible. Así que se volvió una divulgadora bastante especial, pues conoció bien a muchos astronomos y varios observatorios (tuvo la oportunidad de trabajar en algunos). Publicó muchos libros, y éste que te cuento fue el más exitoso.

La autora no es absolutamente objetiva, pero ¿quién sí lo es? En este libro hace especial énfasis en la importancia de los astrónomos amateurs, y en las aportaciones del Reino Unido a esta disciplina. De cualquier modo, gracias a ella tenemos la voz de un testigo, que presenció las interesantes discusiones que se dieron hacia el final del siglo XIX. Además, me gusta mucho la forma en que escribe. Por ejemplo, ¿te acuerdas que te conté sobre los espectros? Bueno, pues ve nomás cómo los explica ella:

The various rays which, entering the eye together in a confused croud, produce a compound impression made up of indistinguishable elements, are, by the mere passage through a triangular piece of glass, separated one from another, and ranged side by side in orderly succession, so that it becomes possible to tell at a glance what kinds of light are present, and what absent.

El libro me ha servido especialmente para entender el complejo entorno, tanto científico como social, en el cual se dieron las observaciones de los tránsitos de Venus de 1874 y 1882. Es notable que, sin astrónomos ni observatorios, hubo algunos mexicanos que entendieron lo que estaba pasando y supieron insertarse en este importante proyecto internacional.

Bueno, regreso a mi tarea de compactar información. ¡Si sólo pudiera hacer un perfume pequeñito que evocara todo lo que hay que contar!

* Clerke, Agnes M. (1902), A Popular History of Astronomy in the Nineteenth Century, Sattre Press, Decorah 2003.

viernes, 8 de enero de 2010

De regreso

Tras tres deliciosas semanas de vacaciones (y cinco días de ajuste a la dura [¡y fría!] realidad), héme aquí de vuelta escribiendo.

Me temo que no tengo muchas cosas astronómicas que contarte. Me desconecté por completo del trabajo y dediqué mi tiempo a ver a amigos que no había visto, a iniciar una enredadera en mi terraza y a leer montones (ya te contaré más). Además me fui de viaje por cinco días a la Ciudad de México y disfruté mucho de caminar por el centro, ver museos y comer bien.

Generalmente cuando tengo más tiempo aprovecho para cocinar cosas nuevas y complicadas, pero esta vez no estaba de humor. Lo único que hice fue un lomo de cerdo relleno de espinacas, que resultó muy apropiado, pues recibí este año de centenario y bicentenario de la manera más patriótica: verde (espinacas), blanco (lomo) y rojo (salsa). Además, me quedó rico.

Aunque para muchos el Año Galileo terminó con 2009, para mí continúa. Este semestre daré un curso en la Facultad de Ciencias de la UNAM sobre las variadas maneras en que se ha contado la historia de tu vida y tu obra. Quiero hablar de los hechos, claro, pero también mostrar los diversos acercamientos que se han dado a la hora de contarlos. Te pongo el programa para que te vayas imaginando por dónde va el asunto, y ya te iré contando tanto lo que yo presente como las reacciones de los estudiantes.

Galileo en la historia

Introducción

La historia de la ciencia
La Revolución Científica

Los hechos

Vida
Obra (astronomía)
Obra (física)

Los enfoques

Los instrumentos
La acción de ver
Los experimentos
Las redes de científicos
Ciencia e iglesia
Ciencia en sociedad

Galileo en la cultura

En el arte
En la divulgación