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jueves, 25 de febrero de 2010

¡Arúgula! ...creo

Para contarte lo que sigue tengo que empezar por confesar un pequeñísimo delito: el año pasado me traje de Venecia semillas de arúgula (un tipo de lechuga que tú conoces como rucola) y de albahaca (basilico para ti). Confesión cumplida.

Puesto que parece que finalmente se acabaron los fríos, este sábado planté dos hileras de cada tipo de semilla, usando sólo 1/10 del contenido de los sobres para ver cómo nos va. Bueno, pues esta tarde (jueves, sólo 5 días después) subí a regar las plantas que tengo en la azotea y encontré dos filas de plantitas, formadas como diminutos soldaditos verdes. Pueso que no les puse letrero a las macetas, no estoy segurísima, pero creo que se trata de las arúgulas. Cuando estén más grandes se deben de ver así:


Para entretenerme en lo que espero, he estado haciendo una revisión preliminar sobre el tema de mi siguiente artículo. Me invitaron de la Secretaría de Educación Pública para que escriba algo breve que aparecerá en el libro de texto de ciencias naturales de sexto de primaria. Quieren que les cuente acerca de algún proyecto actual de astronomía y esto me viene perfecto porque quiero hablar del proyecto en el que participa mi amigo Alan Watson.

Alan es de esos astrónomos que también hace la parte de la instrumentación. El año pasado lo escuché dar una plática acerca de un proyecto para robotizar dos de los telescopios que están en el Observatorio Astronómico Nacional, en San Pedro Mártir. Se trata de automatizar el funcionamiento de estos telescopios para que sirvan de vigías, atentos a los cambios en el cielo nocturno sin necesidad de que un astrónomo esté ahí todo el tiempo supervisando. Entre los cambios que esperan ver están las erupciones de rayos gamma, explosiones verdaderamente violentas que todavía no entendemos del todo. La semana que viene veré a Alan para entrevistarlo sobre los detalles y te cuento todo.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Cazadores de chícharos

Esto que ves es una galaxia chícharo verde y la historia de cómo fue descubierta me gustó tanto que te la quiero contar.

Para conocer más acerca de las galaxias, astrónomos en Nuevo México (EUA) armaron el proyecto Sloan Digital Sky Survey que es, en cierto modo, un descendiente del de Carta del Cielo que ya te había comentado. Se trata de hacer un barrido para fotografiar el cielo, sólo que en este caso lo que buscan son galaxias, y no estrellas. Otra diferencia importante es que ahora todo está automatizado: utilizan unas máquinas llamadas computadoras para dirigir el telescopio y tomar las imágenes. Las computadoras también recortan las imágenes en otras más pequeñas para que cada una tenga sólo una galaxia.

Lo que sigue es clasificarlas, es decir separarlas de acuerdo a su forma. En esta tarea de reconocimiento de patrones las computadoras no son tan buenas como nosotros. Lo ideal es que lo haga una persona, ¡pero gracias al SDSS se tienen fotos de cientos de miles de galaxias!

Algunos astrónomos que tenían preguntas específicas empezaron a clasificar estas galaxias, pero pronto se dieron cuenta de que necesitaban ayuda. De modo que en 2007 armaron una página en la red llamada Galaxy Zoo (zoológico de galaxias). Ahí pusieron todas estas galaxias y lanzaron una invitación abierta: todos aquellos que quisieran podían participar clasificándolas. Había que separar las elípticas (como la que ves a la derecha) de las espirales (las otras dos). Luego había que detectar las características de las espirales, como en qué dirección rotan, cuantos brazos tienen o cómo es su centro.


La respuesta a la convocatoria fue impresionante y pronto tuvieron más de 150 mil voluntarios. Hasta ahora, cada una de las galaxias ha sido revisada y clasificada por al menos 40 personas. Con estos datos se han podido responder preguntas importantes y se han escrito 4 artículos, de los cuales 2 ya están publicados. Pero las ventajas no son todas para los astrónomos, pues los voluntarios tienen la oportunidad de participar en la ciencia y, más aún, de verla conforme se va haciendo.

Además, han surgido algunos resultados inesperados y entre ellos están las galaxias chícharo verde. A la hora de separarlas, los voluntarios se dieron cuenta de que algunas de las galaxias elípticas son pequeñas, redondas y verdes. Bromeando en el foro uno de ellos les llamó green peas (chícharos verdes) y se les quedó el nombre. Pronto eran muchas, y los astrónomos decidieron revisarlas para ver qué tenían de particular. El color verde es resultado de una fuerte emisión de Oxígeno, lo cual es evidencia de que ahí se están formando muchas estrellas nuevas. Tan interesantes resultaron estas galaxias chícharo, que se publicó un artículo sobre ellas y se pidió tiempo de telescopio para hacer más observaciones y así entenderlas mejor.

Justo en estos días se van a hacer las observaciones, y puedes seguir de cerca la saga en el blog del proyecto.

martes, 27 de octubre de 2009

¡Eureka!


Finalmente, tras casi 10 meses de ver inmaculada la faz del sol, ha aparecido una ENORME mancha. Hoy, al menos en el D.F., no veremos nada de esto, pues está absolutamente nublado. Nos podemos consolar mirando una imagen de gran detalle en la página de Spaceweather.

domingo, 12 de abril de 2009

Bestiario

¡Perdón! Otra vez me desaparecí....

Desde octubre que no tomaba vacaciones y aproveché la Semana Santa para desconectarme del mundo. Principalmente me dediqué a ver cómo crecen mis plantas (el suyo me parece un buen ritmo de vida), y en los ratos que sobraron paseé por la ciudad que se vació como si hubiera una plaga y comí con mis amigos.

No creas que me olvidé por completo de ti. Entre otras cosas, se me ocurrió que te gustaría saber de qué tipo de criaturas está poblado el universo en estos días, así que eso es lo que te voy a contar hoy.

Antes que nada hace falta comparar los ingredientes de tu universo y el nuestro. Para ustedes todo en la Tierra estaba formado por los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego; y todos los cuerpos celestes estaban hechos de éter. La diferencia más importante ahora es que sabemos que existen los mismos ingredientes aquí y allá. Hasta el momento conocemos 118 elementos, y sabemos que los dos más abundantes son el Hidrógeno y el Helio.

Entonces había dos tipos de cuerpos celestes, las estrellas fijas y los planetas, y la diferencia era que las primeras estaban pegadas a la esfera que marcaba el final del universo y sólo se movían con ella, mientras que los planetas se desplazaban de maneras más libres. Como empezamos a saber con tus primeros descubrimientos a través del telescopio, hay muchísimas más estrellas, y no están fijas a ningún lado. Además, como el Sol, muchas de éstas tienen sus propios planetas (hoy conocemos más de 300).

Pero no sólo ha aumentado el número de criaturas de nuestro bestiario celeste, también su variedad. Las estrellas no son perfectas y permanentes como se creía. Se forman a partir de gas y polvo, viven mientras dura el combustible que llevan en su interior, y mueren de maneras distintas dependiendo de su tamaño. Las medianas, parecidas a nuestro Sol, expulsan preciosas burbujas de gas que llamamos nebulosas planetarias (como la que ves a continuación), y su centro se compacta en una estrellas enana blanca, que es como un carbón que simplemente se va enfriando.


Las más grandes mueren de manera más aparatosa: explotan violentamente en lo que llamamos supernovas, dejando nebulosas que reflejan esta violencia (como la que sigue), y un cuerpo muy denso en el centro, que puede ser un pulsar (que gira muy rápido y parece un faro) o un hoyo negro (tan denso que se traga todo lo que le quede cerca).


Como puedes ver de estos pocos ejemplos, el bestiario celeste a cambiado mucho en 400 años. Esto lo logramos, en parte, gracias a dos ideas tuyas: que las cosas en el cosmos cambian, y que los cuerpos celestes se parecen a la Tierra.

lunes, 9 de marzo de 2009

Cómo cambia el cosmos

El viernes que di mi conferencia “Galileo astrónomo”, una de las chicas preguntó: ¿Entonces qué cosa hay en el universo que no cambie? Le contesté brevemente y me quedé con ganas de decir más acerca de cómo ha ido cambiando la imagen que tenemos del universo conforme hemos ido conociendo más acerca de él.

Como tú bien sabes, durante 2000 años todos en Europa estuvieron de acuerdo en que el universo era como lo describió Aristóteles: la Tierra, una esfera inmóvil en el centro de todo; los siete planetas (Mercurio, Venus, Luna, Sol, Marte, Júpiter, Saturno), también esferas, girando alrededor de la Tierra; y en el límite, una última esfera que envolvía todo y contenía a las estrellas.


A mediados del siglo XVI, Copérnico propuso que el Sol y la Tierra cambiaran de lugar, pero dejó lo demás de la misma forma y tamaño. Sin embargo, con el sólo hecho de imaginar que una cosa podía ser distinta, abrió el camino para que muchas otras transformaciones.

Tomando algunas cosas de Aristóteles y otras de Copérnico, Tycho Brahe se imaginó un universo híbrido. El resultado, que gustó a muchos en su época, requería de un universo más grande para que cupiera esta nueva configuración.


En los inicios del siglo XVII, tus descubrimientos con el telescopio mostraron, entre otras cosas, que hay muchas más estrellas de las que podemos ver a simple vista. Entonces se pensaba que todas las estrellas son iguales, y que se ven más brillantes las que están más cerca. Fue necesario imaginar que estas estrellas recién detectadas estaban más lejos y por lo tanto el universo debía ser más grande.

A partir de estos cambios, prácticamente todo se volvió posible. La única limitación fue, y sigue siendo, nuestra capacidad de imaginar, observar y calcular.

En los siglos que nos separan hemos seguido ampliando nuestro conocimiento del cosmos. La imagen que tenemos hoy conserva muy poco del mundo cerrado de Aristóteles y se parece más al universo infinito que imaginó Bruno.

sábado, 14 de febrero de 2009

Un punto

Naturalmente que estábamos todos allí –dijo el viejo Qfwfq-, ¿y dónde, si no? Que pudiese haber espacio, nadie lo sabía aún. Y el tiempo, ídem: ¿qué queréis que hiciéramos con el tiempo, allí apretujados como sardinas?

He dicho “apretujados como sardinas”, así, por usar una imagen literaria: en realidad no había espacio ni siquiera para estar apretados. Cada punto de cada uno de nosotros coincidía con cada punto de los puntos de los demás en un punto único que era aquel donde estábamos todos.

Así empieza “Todo en un punto” uno de mis cuentos favoritos de uno de mis autores favoritos (y compatriota tuyo), Italo Calvino. Lo recordé ayer por la tarde (en el tráfico, en viernes de quincena) porque así siento esta megalópolis en la que insisto en vivir. Pero en realidad el cuento no trata de eso.

Calvino disfrutaba mucho de leer acerca de la ciencia y, cada tanto, algo de lo que leía le disparaba la imaginación y escribía un cuento. Después de algún tiempo, bautizó este tipo de cuentos como cosmicómicas y los reunió en un libro* fabuloso.

“Todo en un punto” cuenta la historia del universo desde el punto de vista de aquellos que estuvieron ahí al mero inicio. Aunque se trata de literatura, para mi gusto es uno de los mejores acercamientos a la teoría que hoy llamamos “La gran explosión” porque nos deja una sensación de cómo debió de ser el proceso.


Para que disfrutes el cuento, te explico un poco de lo que sabemos hoy sobre el origen del universo. A principios del siglo XX, el astrónomo estadounidense Edwin Hubble estaba estudiando los espectros de la luz que viene de las galaxias y descubrió que se están alejando unas de otras. A partir de entonces hemos ido desentrañando el misterio del inicio y desarrollo de todo.


A muy grandes rasgos, lo que dice esta teoría es que en un inicio todo lo que hoy conocemos estaba concentrado en un solo punto. Luego hubo una gran explosión y conforme el universo iba creciendo, también se iba enfriando. Con el tiempo se pudieron formar los átomos, que se concentraron en nubes y formaron estrellas y galaxias, hasta llegar a lo que hoy conocemos.

En el mismo libro vienen otros cuentos que tratan sobre astronomía que te platicaré más adelante.

*Calvino, Italo (2007), Todas las cosmicómicas, Siruela, Madrid.

domingo, 25 de enero de 2009

Mis observaciones

El viernes pasado sí pudimos hacer las Noches de observación y todo salió muy bien. Para mí fue muy especial ver a Venus en forma de uña y pensar que antes de ti nadie lo había visto así. Además me recordó las otras veces que he mirado por un telescopio.

Yo no fui aficionada a la astronomía de niña, y cuando la empecé a estudiar me especialicé en una rama completamente teórica. Así que la primera vez que miré a través de un telescopio fue en 1990. En esa época trabajaba en el departamento de cómputo del Instituto de Astronomía de la UNAM y me tocó ir a Ensenada a instalar equipo. Aprovechando que estaba allá, pedí permiso para subir con mi amiga Gisela al Observatorio de San Pedro Mártir, en la Sierra de Baja California. Me dieron una visita guiada para conocer las instalaciones y los telescopios. Pude mirar por el más grande (2.1 m de diámetro), que es distinto de los tuyos porque utiliza espejos y no lentes para recolectar la luz. Esa noche vi galaxias y nebulosas, pero lo que más recuerdo es la Luna. Se veía tan cerca que sentía que si me estiraba la podía tocar.

Cuando me fui a estudiar astronomía a La Universidad de Manchester, tenía algunos amigos en el observatorio de Jodrell Bank , y me invitaron a conocerlo. El telescopio que está allá no atrapa luz visible, sino de radio que tiene menor energía y nuestros ojos no perciben, por lo que la experiencia de observación es completamente distinta. Se puede observar de día y además lo que se ve no son imágenes, sino gráficas que luego se deben procesar para que se asemejen a las fotos que normalmente vemos. Esa vez lo que más me impresionó fue la manera de extraerle información a las cosas invisibles.

En 1995 regresé al Instituto de Astronomía y varios amigos me invitaron a participar en sus proyectos. Una de las cosas que hice fue acompañar a Pepe Guichard a observar galaxias en Cananea desde el telescopio Guillermo Haro del INAOE. Éste es muy parecido al de San Pedro Mártir, y lo nuevo esta vez fue que no sólo fui de mirona, sino a trabajar de verdad. Tuvimos varias noches nubladas (en las que platicamos mucho), pero logramos hacer suficientes observaciones para llevarnos trabajo a casa. Lo que Pepe quería era ver los espectros de unas galaxias que emiten más energía de lo normal. Así que además de aprender a hacer las observaciones, me tocó trabajar con los espectros para sacarles información.

Poco tiempo después de eso me decidí a dar el brinco para dedicarme a lo que realmente me llamaba la atención, la divulgación. En 2002 fui a visitar a mi amiga Anabel Arrieta en Baltimore, donde estaba haciendo una estancia posdoctoral en el Space Telescope Science Institute . Así que cuando fui a conocer el instituto iba de mirona profesional. Me mostraron todas las instalaciones, pero lo más interesante fue ver el sitio desde donde controlan el Telescopio Espacial Hubble .

Como ves, incluyendo la del viernes pasado, me sobran dedos para contar las veces que he mirado por un telescopio. Lo más especial de esta última vez fue compartir el asombro con tantas personas.

viernes, 16 de enero de 2009

Llueve

Desde hace una semana la Ciudad de México está fría y nublada. Ayer en la tarde empezó a llover y no ha parado. Se supone que esta noche arrancamos nuestras observaciones nocturnas pero es poco probable que suceda. ¿Será parecida mi frustración a la que sentías aquellas noches entre enero y marzo de 1610 en que no pudiste observar?

Lo que sí logramos hacer es una parte de la sesión de las observaciones solares de ayer. A las 12 sacamos los instrumentos a la explanada de Universum y estuvimos una hora. No pudimos usar el telescopio solar que hizo Dalila Martínez, porque no se veía el Sol a través de las nubes. Pero con el espectroscopio, que también hizo ella, si pudimos ver algo. Éste es un instrumento que no había en tus tiempos, así que más vale que te lo explique.

Seguramente te enteraste del prisma a través del trabajo de tu compatriota y contemporáneo, Giovanni della Porta. Así que ya sabes que la luz se puede descomponer en varios colores, como el arcoiris. Bueno, pues éste es el principio básico de un espectroscopio, sólo que ahora la luz se separa con instrumentos mejores, que nos permiten ver mayor detalle. Se le llama espectro a la luz separada mediante estos instrumentos.

En el siglo XIX descubrimos que la luz está llena de información; que cada elemento químico tiene un espectro diferente y que por lo tanto el espectro de un compuesto nos dice qué elementos contiene. Y, como lo que estudian los astrónomo es la luz que viene de los astros, bien pronto se les ocurrió hacer espectros ésta. Los primeros espectros que se hicieron fueron con la luz del Sol y mostraron que tiene, por ejemplo mucho Hidrógeno. Pero también mostraron evidencia de la presencia de un elemento que no se conocía hasta entonces. Como estaba en el Sol, se le llamó Helio.

Desde entonces los astrónomos toman espectros de todo: estrellas, galaxias o nubes de gas y polvo. Con ellos pueden saber muchísimas cosas acerca de estos cuerpos celestes, no sólo su composición química, sino algunas de sus propiedades físicas.

Pero regresemos a las observaciones que hicimos ayer. Afortunadamente basta con luz difusa, como la que hay cuando está nublado, para ver el espectro del Sol. Y lo que logramos ver fue como esta imagen.


Pudimos ver franjas de colores, como los que se logra con un prisma. Pero además vimos algunas de esas líneas oscuras, que son las que indican la presencia de los elementos químicos que están presentes en el Sol, como Hidrógeno y Helio.

¡Ojalá la semana que viene esté despejado!

lunes, 15 de diciembre de 2008

Un poco de violencia

Ya bien entrada en el cuarto día de mis vacaciones, hasta la última de mis células está inundada de la paz que me viene de no tener nada apremiante. Para equilibrar un poco las cosas, hoy te quiero contar una historia de una violencia enorme, lenta, lejana e imperceptible excepto para unos pocos.

Hace algunas semanas te platiqué algo sobre lo que hemos ido sabiendo de las galaxias, pero me quedé más o menos a principios del siglo XX. Por esa época los astrónomos se pasaron décadas coleccionando galaxias, es decir haciendo observaciones de tantas como fuera posible. Así, después de cierto tiempo, pudieron plantear una clasificación de ellas de acuerdo a sus formas. Inicialmente había tres grupos y aquí te muestro un ejemplo de cada uno: las espirales, las elípticas y las irregulares.



Pero más adelante se observaron otras galaxias, que no se podían meter en ninguno de los tres grupos anteriores, y tampoco se podían agrupar muy bien. Así que agregaron un grupo que llamaron de las galaxias peculiares. En la siguiente foto te pongo un par de éstas, la galaxia de las Antenas, y la Rueda de carro. Adivina cuál es cuál.



Una de las cosas que hacen más felices a los científicos, y entre ellos a los astrónomos, es cuando aparece una nueva pregunta. La formación de las elípticas y espirales se puede explicar por la atracción mutua de todo el material que conforma; y las irregulares se suelen explicar como galaxias fallidas, en las que no hubo suficiente de esta atracción. Pero ¿y las irregulares?

Resulta que generalmente las galaxias no viven solas, sino en grupos, y que el hacinamiento lleva a roces de varios tipos. Muchas galaxias son parte de una pareja que no siempre es pareja. Acá puedes ver cómo la grande, que es espiral, se está comiendo parte del material de la chica, que ya no tiene forma reconocible.


Cuando la desigualdad es mucho mayor, se cae en franco canibalismo. En esta imagen, la galaxia elíptica gigante se está tragando a varias de las pequeñas que la rodean (abajo a la derecha). Y conforme más come, más capacidad de comer tiene.

Y las dos primeras peculiares que te mostré deben ser resultado del impacto de dos galaxias. Todo esto sucede muy lentamente, en miles de millones de años, así que en realidad no lo hemos visto suceder. Pero lo sabemos gracias a las increíbles observaciones de telescopios como el Hubble Space Telescope combinadas la información que nos dan los modelos teóricos.

Si te gustan las historias violentas como ésta, en otra ocasión te cuento cómo mueren las estrellas.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Dibujos de la Luna

¿Te fijaste ayer en la imagen del día de la NASA? La pongo por si no la viste:




En estos días Júpiter, Venus y la Luna se ven muy cerca en el cielo y, como son tres astros que podemos ver a simple vista, han dado mucho de qué hablar. El que ves es un dibujo del momento justo en el que Venus reapareció después de estar oculto detrás de la Luna. Lo hizo Deirdre Kelleghan, una mujer irlandesa que es artista y aficionada a la astronomía.

En un momento en que estamos rodeados por demasiadas imágenes perfectas tomadas por máquinas, me parece que este dibujo recupera algo muy importante: el asombro. La misma Kelleghan dice:


When I sketch the moon, it feels like my hands move through my eyes. My sight becomes my fingers and explores the lunar landscape.
(Cuando dibujo a la Luna, se siente como que mis manos se mueven a través de mis ojos. Mi vista se vuelve mis dedos y explora la superficie lunar.)


Su dibujo y sus palabras me recordaron las observaciones de la Luna que reportaste en 1610 en el delicioso librito Sidereus Nuncius*. Pero hace cuatrocientos años tú eras el primero en ver que la Luna tiene picos y valles con luces y sombras que cambian. Así que al mirar y dibujar también tenías que tratar de entender. Tus conclusiones fueron asombrosas. Para empezar la Luna no es perfecta y por lo tanto al menos uno de los cuerpos celestes viola lo establecido por Aristóteles 2000 años antes. Y, aunque suene simplón, si la Luna es como la Tierra, entonces la Tierra es como la Luna. Es decir, que la Tierra bien puede ser un planeta más.

*Galileo - Kepler (2007), La gaceta sideral – Conversación con el mensajero sideral, Alianza, Madrid.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Galaxias

Como parte de uno de los cursos que organiza el Astrolab, el martes di una conferencia sobre galaxias y se me antojó contarte algo sobre el tema.

De entrada, supongo que te resulta extraño que diga galaxias, así en plural, pues tú sólo conociste una. Lo que se sabía en 1609 era que en el cielo había un manchón blanco, que los griegos llamaron Vía Láctea pues parecía un camino de leche. Cuando tu la miraste con tu telescopio en 1610 encontraste que no era una mancha o nube, sino una colección de muchísimas estrellas muy pegadas. Así, este objeto celeste pasó de ser un viejo conocido a ser una pregunta abierta.

Desde entonces, muchos astrónomos miraron a la Vía Láctea tratando de averiguar más sobre ella. Conforme los telescopios se volvieron más poderosos y las preguntas más claras, la fuimos entendiendo mejor. Hacia finales del siglo XVIII, el astrónomo inglés William Herschel se dedicó a medir la distribución de las estrellas para así saber qué forma tiene realmente el universo. No sólo encontró que es bien diferente de la esfera que propuso Aristóteles, sino que además, a partir de sus mediciones, pudo declarar que nuestro Sol no está en el centro de todo.




Al igual que tú en 1610, en su tiempo Herschel tenía el telescopio más poderoso de todo el planeta. Con él observó también esas nubecillas que se ven en el cielo y encontró que las hay de dos tipos. Unas son bolas de gas y las llamó nebulosas planetarias porque sus formas y colores son semejantes a los de los planetas. Las otras nubecillas, en cambio, son conjuntos de muchas estrellas. Estos objetos celestes se consideraron parte de nuestra galaxia hasta el siglo XX, cuando pudimos determinar que se encuentran a distancias enormes. Entonces tuvimos que admitir que existen otras “vías lácteas”, es decir otras galaxias.

La galaxia más cercana a nosotros es Andrómeda y hoy conocemos muchísimas más, de diferentes formas y tamaños.




Así pues, en los últimos 400 años hemos pasado de pensar que la Tierra está en el centro de un universo esférico a entender que nuestra estrella es una de tantas dentro de una de tantas galaxias desperdigadas por el espacio.

martes, 18 de noviembre de 2008

Adivina...

¿Qué planeta es éste?


Seguramente entre los siete planetas que se conocían entonces (Mercurio, Venus, Sol, Luna, Marte, Júpiter, Saturno) no recuerdes ninguno azul. De hecho, en esos tiempos muy pocos creían que éste fuera un planeta. Pero, gracias al trabajo de astrónomos como Copérnico, Kepler y tú, terminaron por redefinirlo como otro más de los planetas que se mueven alrededor del Sol.

Lo que estás viendo es cómo "sale" la Tierra sobre el horizonte de la Luna tal y como lo vieron tres astronautas estadounidenses hacia finales de 1968. Y como te imaginarás, nuestro planeta se ve así de azul porque aquí hay tanta agua.

Te preguntarás cómo llegó alguien hasta allá. En este caso fue abordo del Apollo 8, una nave que fue impulsada al espacio por el cohete Saturn V. La idea general para desplazarse así de lejos es la misma que la de una pistola, en la cual se hace explotar pólvora en una cámara cerrada para impulsar la bala. Pero claro, en el caso de los cohetes la explosión tiene que ser mucho mayor para que la nave escape la fuerza que nos tiene a todos pegados aquí.

La idea de lanzar objetos muy alto con esperanzas de llegar hasta la Luna no es nada nueva; muchos la pensaron y otros intentaron realizarla incluso antes de que tú nacieras. Pero sólo en el siglo XX se empezaron a lanzar cohetes realmente lejos. El caso que te muestro fue un gran éxito pues los estadounidenses lograron enviar una nave tripulada por tres hombres que le dieron diez vueltas a la Luna y regresaron bien.

En tus tiempos la única manera de lograr una imagen como ésta hubiera sido lanzando al espacio a un gran pintor con todo y sus óleos. En este caso el trabajo lo hizo una máquina que recibió la luz, la codificó y la trajo de regreso para que pudiéramos ver nuestro retrato.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Astrónomos pioneros

Hace tiempo que no te escribo pues volví a salir de viaje. Esta vez fui a la ciudad de Morelia en el estado de Michoacán, al oeste de aquí. Me invitaron del Centro de Radioastronomía y Astrofísica a dar un taller sobre divulgación de la ciencia para los estudiantes y coincidió con una reunión regional de astronomía, así que también di mi la plática sobre tu trabajo.

Como solamente tenía dos horas para el taller, tuve que decidir con cuidado lo que podía hacer. Evidentemente, en una sola sesión no les podía enseñar a hacer nada, pero me pareció que sí los podía poner a pensar algunas cosas interesantes. De modo que usé el hecho de que la divulgación es un fenómeno de comunicación como hilo conductor, y les fui mostrando las partes y sus interacciones. Entre las cosas interesantes que sucedieron esa tarde estuvo que se reunieron muchas personas que están interesadas en lo mismo y podrán hacer cosas juntos en el futuro. Otra cosa buena, que me concierne, es que algunos se quedaron interesados y tal vez más adelante hagamos un verdadero taller, del cual salgan productos para el Año Internacional de la Astronomía.

Al día siguiente del taller di la plática Galileo astrónomo a la mitad de la "XII Reunión Regional de Occidente de Astronomía". Fue una gran oportunidad para platicarle a muchos astrónomos sobre esos cinco años en los que apuntaste tus telescopios al cielo y descubriste tantas maravillas. Disfruté mucho dar la charla con éste público, pues sus preguntas son bien diferentes de las del público general. Algunos se interesaron en la parte muy técnica (¿cómo midió Tycho la distancia a los cometas?) mientras que otros querían saber sobre el lado más político (¿qué fue lo que realmente te causó problemas con la Inquisición?).

Yo no sabía de estas reuniones de los astrónomos de Morelia, Guadalajara y Guanajuato y me sorprendió mucho que ésta ya era la doceava. Le pregunté sobre ello a Yolanda Gómez –una de las fundadoras de lo que hoy es el CryA– y me contó cómo hace doce años, cuando sólo había tres astrónomos en Morelia y otros tantos en Guadalajara y Guanajuato, se reunían de manera muy informal para platicar lo que estaban haciendo. Lo que me tocó presenciar dista mucho de esos sencillos orígenes: había más de cincuenta participantes (muchos de ellos estudiantes) y se trató gran variedad de temas. Se ve que ya tienen grupos consolidados y los astrónomos pioneros de hace doce años deben sentir mucho orgullo.

lunes, 20 de octubre de 2008

Una estrella con cola

El viernes pasado tuvimos una de las teleconferencias en Universum con las que estamos calentando motores para el AIA. Vino Alejandro Raga, del Instituto de Ciencias Nucleares (UNAM), y nos dio una plática muy amena sobre una estrella que tiene cola.

En el Renacimiento se pensaba que las estrellas no cambiaban, pero sabemos que tú imaginaste algo distinto. Cuando en 1604 apareció una estrella nueva en el cielo, dio mucho de que hablar. Aunque por entonces aún no estabas dedicado a la astronomía, participaste en la discusión. Y cuando esta estrella empezó a perder brillo, pensaste que se estaba alejando de la Tierra. Supongo entonces que no te sorprenderás demasiado cuando te cuente que hoy sabemos que las estrellas sí que cambian: no sólo se mueven sino que además nacen, se transforman y mueren.

El caso de la estrella Mira es bien interesante, pues presenta todo tipo de cambios: se mueve, pulsa y envejece. Sabemos que es una estrella Gigante Roja, es decir que fue parecida a nuestro Sol, pero ahora se está empezando a morir y por eso se ha hecho grande y roja y tiene un viento muy fuerte. Hemos visto que su brillo varía con el tiempo; y sabemos que se mueve en dirección perpendicular a la Vía Láctea, atravesándola.



Pues ahora resulta que además Mira tiene una cola, como las de los cometas pero muchísimo más grande. Aunque esta estrella se conoce desde tus tiempos, la cola no se había visto sino hasta ahora. Y sólo la pudimos ver porque fue observada con el telescopio espacial GALEX. Este instrumento tiene dos particularidades: su campo visual es amplio y detecta luz en el Ultravioleta. Lo primero significa que toma imágenes grandes, más que el tamaño aparente de la Luna. Pero lo segundo sí que es nuevo para ti. Desde el siglo XIX nos dimos cuenta que hay más luz que la que detectan nuestros ojos. Y en el XX diseñamos instrumentos que nos permiten “ver” esas otras luces.


Gracias a la capacidad del GALEX para ver estructuras grandes y luz ultravioleta, hoy sabemos que Mira tiene una cola enorme que se forma por la interacción de su viento con el gas y polvo de la Vía Láctea. Arriba la puedes ver en luz visible, y abajo, en luz ultravioleta, con su esplendorosa cola.

viernes, 17 de octubre de 2008

De cometas y controversias

Sigo con la lectura del libro de Mario Biagioli sobre tu obra y su relación con la cultura de esa época (por cierto, me enteré que también está traducido al español como Galileo cortesano.) Ahora acabo de terminar el capítulo que aborda la discusión sobre cometas en la que estuviste involucrado.

En tus tiempos, los cometas eran un fenómeno difícil de explicar. Como aparecían y desaparecían, se pensaba que tenían que ser parte de la atmósfera terrestre, pues según la cosmología de Aristóteles ahí sí se valía que hubiera cambios. Esta explicación empezó a hacer agua cuando varios astrónomos comenzaron a usar telescopios para observar los cometas. Con estos nuevos instrumentos pudieron medir las distancias a las cuales se encontraban y supieron que están más allá de la Luna. Esto planteaba un problema, pues según Aristóteles, todo aquello que se encontraba más allá de la Luna era perfecto e inmutable.

En 1618 aparecieron tres cometas en los cielos de Europa. El astrónomo jesuita Orazio Grassi los observó y escribió un tratado para comunicar a todos que –al igual que las estrellas- no se veían mucho más grandes a través del telescopio y por lo tanto debieran tan lejos como ellas. Como en esta época tú eras la autoridad máxima en observaciones telescópicas, muchos te escribieron para saber tu opinión sobre esta novedosa propuesta. Desafortunadamente entonces estabas enfermo, y no pudiste hacer tus propias observaciones. Más tarde escribiste algunos tratados breves y finalmente en 1623 publicaste un libro sobre el tema.

El ensayador fue muy popular en tu época. Dicen, por ejemplo, que el Papa Urbano VIII (que te conocía y apreciaba) disfrutaba de que se lo leyeran a la hora de la comida porque era entretenido y estaba muy bien escrito. Pero los historiadores de la ciencia de ahora no saben muy bien cómo explicar esta obra porque es muy distinta a casi todas las demás que publicaste. Ahí utilizas algunas hipótesis de Aristóteles (a quien atacaste tanto en otros lados), caes en contradicciones y a veces atacas a Grassi sin buenos fundamentos.

La interpretación de Biagioli es que en esta obra utilizaste una estrategia especial. Que te sentías amenazado porque los astrónomos jesuitas en Roma pudieron hacer las observaciones y tú no; y porque sus opiniones empezaban a contar tanto como la tuya. Así que moviste el campo de la discusión, alejándolo de las observaciones y llevándolo al lado más teórico. De este modo saliste victorioso en la discusión y te volviste a ubicar como el astrónomo más importante de la época.

Si te soy sincera El ensayador me cuesta trabajo pues, aunque tiene algunos pasajes atractivos, no le veo una línea conductora. Con la lectura que hace Biagioli de esta obra logro entenderla mejor. Pero ¿tú qué opinas?

miércoles, 8 de octubre de 2008

Una pregunta sobre Saturno

Hay una pregunta que me hicieron después de la charla en Oaxaca que creo que te puede interesar.

Para enfatizar que la ciencia no es un mero conjunto de datos sino un proceso, además de tus descubrimientos les hablé de un fenómeno que no terminaste de entender. Les mostré los dibujos de Saturno que hiciste a lo largo de los años: primero como tres cuerpos (el planeta y dos satélites), luego -para tu gran sorpresa- solito y finalmente con algo así como asas a los lados. Les platiqué que en todo ese tiempo, aunque aventuraste algunas explicaciones, no acabaste de entender por qué cambiaba de ese modo su apariencia.


Y, claro, una chica quiso saber cómo se explican estas formas. Le expliqué que poco tiempo después de tu muerte empezó a cambiar algo muy importante. Antes se había tratado de explicar el asunto como el resultado del movimiento de unos satélites que se creía que estaban ahí. Por ahí de 1642 el énfasis cambió a simplemente mirar las formas que iba tomando Saturno. Fue el holandés Christian Huygens quien en 1659 acabó por entender el asunto y lo hizo de un modo que seguramente te agradará. Hizo numerosas observaciones, dibujó lo que veía con el mayor detalle posible y luego miró el conjunto de datos que tenía (un poco como tu estudio sobre las manchas solares). Con todo esto llegó a la conclusión de que Saturno está rodeado por un disco que éste está inclinado respecto del plano de traslación del planeta, como se ve en su dibujo:

Aquí, al centro está el Sol, la elipse pequeña es la órbita de la Tierra, y la grande es la de Saturno. Afuera, en cada caso, está el dibujo de cómo lo vemos en cada momento. Debido a la inclinación y dependiendo de las posiciones relativas de los dos planetas, a veces vemos una gran parte del disco, otras sólo un poco, y otras, nada. De esta manera se explican los cambios de forma que te dejaron perplejo.

Paro aquí para que absorbas esta novedad, pero ya te contaré más de lo que sabemos hoy sobre Saturno y su disco.

jueves, 25 de septiembre de 2008

¡Una mancha!

El lunes supe que se observó una mancha en el Sol y me dio muchísimo gusto. Hace tiempo que no veíamos ninguna y me gustaría que el año que viene todos puedan ver manchas como las que tú observaste desde 1610.

En la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM estamos organizando diversas actividades para el 2009 como conferencias y, por supuesto, observaciones. Una de nuestras compañeras, Dalila Martínez, diseñó un telescopio solar sencillo con el cual el público que asista al museo también podrá observar al “astro rey”.

Te dará gusto saber que seguimos observando al Sol y hemos comprobado tu idea (entonces muy audaz) de que las manchas están en el Sol mismo, y no son planetas que giran muy cerca de él. A través de los cuatrocientos años que nos separan hemos visto que, tal y como tú lo dijiste, giran con él, y que con el tiempo cambian de forma, tamaño e intensidad. Con telescopios e instrumentos que son descendientes de los que tú hiciste, encontramos que el Sol es una enorme bola de gas caliente, y que sus manchas son evidencia de la actividad en su interior. Gracias a la acumulación de observaciones a través del tiempo, sabemos que esta actividad no es constante, sino que varía con el tiempo. Aproximadamente cada once años llega a su máximo (y entonces se ve el mayor número de manchas) y luego va disminuyendo hasta llegar a un punto (como ahora) en que no hay ninguna mancha sobre la superficie del Sol.

La imagen que te envío fue tomada con el SOHO, un telescopio que fue lanzado al espacio en diciembre de 1995 y desde entonces gira alrededor de la Tierra como si fuera otro satélite más. Desde ahí mira al Sol para tratar de responder preguntas importantes sobre la estructura y dinámica de su interior, así como la presencia de la corona y del viento solar.

Si quieres ponerte al día sobre este tema, te recomiendo que visites la página del SOHO y empieces por la sección llamada “Classroom”.