miércoles, 21 de octubre de 2009

La luz


Es difícil decidir qué es lo que más me gustó de Venecia, pero si me viera forzada, diría que la luz. Al llegar a casa sentí que algo faltaba. Tengo un lindo departamento, muy bien iluminado (¡y vivo más de 20 grados al sur de aquella ciudad!), pero me parecía triste.





Tanto en los días más soleados (y me tocaron muchos) como en aquellos en que la neblina nunca se dispersó, la luz en esta pequeña ciudad-isla me llenó hasta el último de los conos y bastones. Allá me enteré que el pintor inglés Turner, famoso por sus nubes, había pintado en Venecia y al buscar sus cuadros siento lo bien que captó esa luz tan especial.



Además de su luz me gustó su tamaño (es un sitio que tiene una escala humana), el hecho de que esté rodeada de agua (y entonces el transporte es en barco), la alucinante combinación de arquitecturas de varios siglos (todas apeñuscadas en tan poco espacio). Y los venecianos, bueno, el 50%, que para mí es un porcentaje altísimo.

Desde hace años, cuando viajo, me pruebo la ciudad a la que voy; intento imaginarme si podría vivir ahí. Hasta ahora, solamente San Francisco y Barcelona me habían parecido posibilidades. Ahora, tras horas de caminar o permanecer sentada en un café (o cualquier escalón), agrego Venecia a la lista.

Esto es, pues, el informe turístico. Todavía te debo el académico.

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