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sábado, 14 de abril de 2012

Punto de vista

Me recomendaron un sitio que está verdaderamente genial. Se trata del blog que escribe una planta de calabaza que nació y creció en la Estación Espacial Internacional.


Me encanta porque lleva al extremo la narrativa interior desde el punto de vista de un personaje: en este caso, un simpático vegetal. De paso, nos muestra algo de la vida de los demás habitantes de la estación.

domingo, 6 de febrero de 2011

Química y astronomía

Una vez más, este año habrá una noche de las estrellas en México. Como además 2011 es el año internacional de la química, el tema del evento es la composición química del universo. Puedes ver más información aquí.

domingo, 30 de enero de 2011

Este año...

Como habrás notado, no acostumbro hacer propósitos de año nuevo. Este año, sin embargo, prometo escribirte más seguido. Conforme pasa el tiempo, se va volviendo más y más difícil ponerme al corriente contigo. De modo que te propongo que me permitas saltarme esa parte y a cambio te comparto uno de mis descubrimientos recientes:

http://www.radiolab.org/

He escuchado varios de sus podcasts y me gustan mucho, aunque todavía no puedo decir exactamente qué es. Pruébalo a ver qué te parece.

jueves, 19 de agosto de 2010

La influencia de los astros

A pesar de todo el trabajo que hacemos los astrónomos para convencer a los demás de que la posición de los astros no influye en el destino de los seres humanos, el efecto del planeta Venus en el nacimiento de la astronomía profesional mexicana demuestra lo contrario. Ve el artículo que escribí sobre el tema para el blog Historia de la Astronomía y dime qué te parece.

viernes, 13 de agosto de 2010

Serendipia archivológica

El trabajo de organización del Fondo Observatorio Astronómico Nacional va viento en popa. A finales de este mes todo (menos las hojas y cuadernos de cálculos) estará catalogado y ordenado de tal modo que se puede consultar con mucha facilidad. Todavía falta la fase de descripción, que resultará en un catálogo detallado, pero eso tendrá que esperar, pues Aline y Carlos se van.

Mientras tanto, junto con otra estudiante, Liliana, he comenzado a organizar algunos archivos del Instituto de Astronomía que son más pequeños y contienen documentos de un periodo más reciente, que no está representado en el FOAN (los 70s y 80s del siglo XX). En mayo empezamos con el Fondo Harold Johnson que consiste en aproximadamente 4 cajas (un poco más grandes que revisteros) con correspondencia y planos para la construcción de instrumentos. Estos documentos reflejan algo del trabajo que hizo este estadounidense en su estancia en México. Johnson trabajó especialmente en el telescopio de 1.5m de diámetro de San Pedro Mártir, que llegó a México gracias a él.

Empezamos por limpiar los documentos, luego los organizamos en expedientes, y finalmente hicimos un catálogo con la descripción del contenido de cada expediente. Nos resultó muy bueno trabajar primero con este fondo pequeño (con sólo 20 expedientes), pues así pudimos ir entendiendo (¡o inventando!) los pasos del proceso.

Ahora estamos felizmente sumergidas en el conjunto de documentos que pertenecieron a Robert Noble, otro estadounidense que trabajó en el IA por esos años. Este fondo es mucho más grande, tiene aproximadamente 200 expedientes, y pensamos que nos iba a tomar muchísimo tiempo organizarlo. Sin embargo, para nuestra gran fortuna, Noble era un hombre muy ordenado, y dejó todo en carpetas etiquetadas por temas. Además, Paco Cobos y Carlos Tejada -ópticos del Instituto- conservaron los documentos con mucho cuidado.

Para hacer todo este trabajo, el IA nos prestó una oficina que por el momento no se está utilizando. Como el Fondo Robert Noble es grande, Liliana tuvo que vaciar un archivero para hacer espacio para las carpetas con documentos mientras los organizamos. Ahí encontro, así nomás, un conjunto de documentos que pertenecieron a Claudio Firmani, un compatriota tuyo que trabajó mucho tiempo en el Instituto y ahora ya está de vuelta en Italia. Firmani estuvo involucrado, junto con Gianfranco Bisiacchi, en el desarrollo de un detector llamado MEPSICRON y estos pocos papeles tienen que ver con ese proyecto.

Me encantó encontrar esos documentos, pues confirman mi sospecha de que cada oficina tiene un pedacito de la historia del Instituto. En octubre haremos un coloquio para mostrarle a los astrónomos lo que llevamos avanzado e invitarlos a que cada quién contribuya con una parte y así podamos armar un archivo de un periodo sobre el cual hay muy poca documentación. Juntos tendremos que pensar qué queremos resguardar, y cómo.

jueves, 12 de agosto de 2010

¿Para quién escribió Galileo?

Encuentro con gusto que ya salió un artículo mío en la revista Elementos. Se trata de un texto que escribí para la serie de mesas redondas Galileo y Darwin: 400 años de herejías el año pasado, y que finalmente encontró, como diría Aristóteles, su lugar natural. Se llama "¿Para quién escribió Galileo?" y en él hago una relectura de cosas muy conocidas sobre tu vida, pero desde un punto de vista novedoso. Separando en tres etapas tu vida (matemático y profesor, filósofo en Florencia, filósofo "free-lance"), reviso la comunicación que sostuviste a través de una variedad de medios (clases, conferencias, debates, cartas, manuscritos, libros) con un muy diversos interlocutores (astrónomos, filósofos, cortesanos) y con propósitos también variados.



Te pongo mis conclusiones esperando que se te antoje ir a ver cómo llegué a ellas:

Galileo escribió para sí mismo, para sus estudiantes y colegas, para sus mecenas y contra sus enemigos. Sin proponérselo, también escribió para un público más amplio de su tiempo y para todos nosotros. A través del conjunto de sus documentos, nos ha dejado un detallado retrato de la Italia que le tocó vivir. Vemos las instituciones y sus tradiciones, las profesiones y sus prácticas, las personas y sus intereses. Y, dentro de este contexto, hemos podido constatar la importancia de las diversas formas de comunicación en el quehacer de eso que hoy llamamos ciencia.

viernes, 26 de marzo de 2010

¡Vacaciones!

Se me han pasado los días y ya son más bien semanas desde que te escribo. Tengo pendiente contarte cómo voy con la clase sobre ti que estoy dando en la Facultad de Ciencias, y cómo fue escribir aquél artículo para niños de sexto de primaria (de 11 años, aprox.). Además, he avanzado en mi revisión sobre la historia de la historia de la astronomía en México para la ponencia que daré en mayo, y esto también está muy interesante.

...pero ¡tengo vacaciones por la Semana Santa! así que me temo que todo esto tendrá que esperar hasta que regrese.

Mis vacaciones van a ser aquí, ni siquiera en mi ciudad, en mi colonia. Procuraré moverme lo menos posible, y hacerlo muy lentamente, para así lograr la ilusión de contar con una vastísima cantidad de tiempo.

Tengo apartados dos libros que se me antoja mucho leer en este rato. Uno de ellos acaba de llegar a la biblioteca de la DGDC. Se trata del libro más reciente de uno de mis autores favoritos que me parece que te gustaría mucho a ti también. Edward Tufte es un experto en representación visual, y se ha vuelto algo así como un gurú de la visualización de datos, algo a lo que tú te dedicaste en los primeros años después de tu encuentro con el telescopio. Este libro, el quinto de una serie, se llama Beautiful Evidence y supongo que bastará con que te ponga el mero inicio para que se te antoje:
A colleague of Galileo , Federico Cesi, wrote that Galileo's 38 hand-drawn images of sunspots "delight both by the wonder of the spectacle and the acuracy of expression." This is beautiful evidence.
El otro libro que quiero leer en mis vacaciones está en el buró junto a mi cama desde hace meses, esperando pacientemente su turno. Se trata de una obra que he encontrado citada en muchos lugares interesantes y que creo que además de entretenido, me será muy útil. La jaula de la melancolía, del antropólogo mexicano Roger Bartra lleva el subtítulo: Identidad y metamorfosis del mexicano, con lo cual ya más o menos te puedes imaginar por dónde va.

Pero no sólo de libros vive esta mujer; tengo planes para ver a amigos, cocinar, y atender mi jardín que en esta temporada está creciendo tan rápido que exige mucha atención.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Cazadores de chícharos

Esto que ves es una galaxia chícharo verde y la historia de cómo fue descubierta me gustó tanto que te la quiero contar.

Para conocer más acerca de las galaxias, astrónomos en Nuevo México (EUA) armaron el proyecto Sloan Digital Sky Survey que es, en cierto modo, un descendiente del de Carta del Cielo que ya te había comentado. Se trata de hacer un barrido para fotografiar el cielo, sólo que en este caso lo que buscan son galaxias, y no estrellas. Otra diferencia importante es que ahora todo está automatizado: utilizan unas máquinas llamadas computadoras para dirigir el telescopio y tomar las imágenes. Las computadoras también recortan las imágenes en otras más pequeñas para que cada una tenga sólo una galaxia.

Lo que sigue es clasificarlas, es decir separarlas de acuerdo a su forma. En esta tarea de reconocimiento de patrones las computadoras no son tan buenas como nosotros. Lo ideal es que lo haga una persona, ¡pero gracias al SDSS se tienen fotos de cientos de miles de galaxias!

Algunos astrónomos que tenían preguntas específicas empezaron a clasificar estas galaxias, pero pronto se dieron cuenta de que necesitaban ayuda. De modo que en 2007 armaron una página en la red llamada Galaxy Zoo (zoológico de galaxias). Ahí pusieron todas estas galaxias y lanzaron una invitación abierta: todos aquellos que quisieran podían participar clasificándolas. Había que separar las elípticas (como la que ves a la derecha) de las espirales (las otras dos). Luego había que detectar las características de las espirales, como en qué dirección rotan, cuantos brazos tienen o cómo es su centro.


La respuesta a la convocatoria fue impresionante y pronto tuvieron más de 150 mil voluntarios. Hasta ahora, cada una de las galaxias ha sido revisada y clasificada por al menos 40 personas. Con estos datos se han podido responder preguntas importantes y se han escrito 4 artículos, de los cuales 2 ya están publicados. Pero las ventajas no son todas para los astrónomos, pues los voluntarios tienen la oportunidad de participar en la ciencia y, más aún, de verla conforme se va haciendo.

Además, han surgido algunos resultados inesperados y entre ellos están las galaxias chícharo verde. A la hora de separarlas, los voluntarios se dieron cuenta de que algunas de las galaxias elípticas son pequeñas, redondas y verdes. Bromeando en el foro uno de ellos les llamó green peas (chícharos verdes) y se les quedó el nombre. Pronto eran muchas, y los astrónomos decidieron revisarlas para ver qué tenían de particular. El color verde es resultado de una fuerte emisión de Oxígeno, lo cual es evidencia de que ahí se están formando muchas estrellas nuevas. Tan interesantes resultaron estas galaxias chícharo, que se publicó un artículo sobre ellas y se pidió tiempo de telescopio para hacer más observaciones y así entenderlas mejor.

Justo en estos días se van a hacer las observaciones, y puedes seguir de cerca la saga en el blog del proyecto.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Los mejores años


Dime la verdad, ¿todavía piensas que los mejores años de tu vida fueron los 18 que pasaste en Padua? No sé si lo recuerdes, pero eso fue lo que dijiste en una carta y desde entonces muchos han repetido tus palabras. Entre ellos están los investigadores del Archivio di Stato di Venezia que, orgullosos de haberte hospedado entonces, organizaron una exposición especial con sus documentos relacionados contigo.

La visita al Archivio fue la segunda salida del congreso y fue realmente impresionante. No sólo las instalaciones son una locura, sino que resguardan 70 kilómetros lineales de documentos (el archivo que estoy ordenando debe medir como 100 metros). Pero lo mejor de todo fue ver las trazas que dejaste en tu paso por esos rumbos.


Tienen muchos documentos que ya conoces, como tu primer nombramiento de profesor en la Universidad de Padua, o las numerosas promociones y peticiones de adelantos. Me resultaron simpáticos los más cotidianos, que siento que me acercaron al Galileo de carne y hueso. Se conservan, por ejemplo, tu petición para que se compre un pizarrón, y tu queja porque un profesor de anatomía decidió dar clases a la misma hora que tú, reduciendo el número de estudiantes de tu clase.

Hay muchos documentos con los cuales se puede reconstruir tu relación con las instituciones importantes de esa época. Destaca, claro, tu presentación del cannocchiale (anteojo) a la República de Venezia en 1609, y su aceptación con todos los beneficios que te ofrecieron. También se conservan constancias del registro de algunos instrumentos que diseñaste, como el compás geométrico militar. Sobre éste está también el registro de los problemas que tuviste cuando intentaron plagiarlo. Y no podía faltar la Iglesia, por supuesto. Guardan desde una denuncia de que no ibas mucho a misa, hasta los informes de tus encuentros con ese gran poder en 1616 y 1633.

Las fotos que te pongo son cortesía de un amigo que prefiere permanecer anónimo. En una puedes ver cómo apareces en un volumen de 1666 que contiene los elogios de hombres ilustres, y supongo que te dará gusto. En la otra ves un libro que reunió las obras completas de tu amigo Paolo Sarpi en el siglo XVIII.

La foto que puse hasta arriba es la que más me gusta. Se trata de un mapa de Venezia pintado por Cristoforo Sabbadino alrededor de 1557. ¿Lo viste alguna vez?

miércoles, 4 de noviembre de 2009

El congreso

Ahora sí, te cuento del congreso. Creo que ya te había comentado que se llevó a cabo en una isla, San Servolo. Por su relativo aislamiento de Venecia, fue monasterio, manicomio y luego cárcel; y ahora es un centro de convenciones (además de galería al aire libre, de modo que me tocó ver un poquito de la Biennale de Venezia). Mide más o menos 300 metros de largo por 200 de ancho. El tamaño, además de encantador, resultó muy práctico, pues me daba perfecto tiempo de comer, dormir la siesta y regresar a las sesiones de la tarde.

El programa comenzó con una mañana dedicada a ti, en la cual venecianos auténticos hablaron de la cultura en tu época, la importancia del arsenal de Venecia, y tu relación con Paolo Sarpi. Siguió una tarde sobre un proyecto muy interesante: el convenio entre la Unión Astronómica Nacional y la UNESCO para incluir a los observatorios como monumentos que se pueden declarar patrimonio de la humanidad. Esa noche nos llevaron a conocer la basílica de San Marco, ¡una cosa alucinante! Ni por fuera ni por dentro debe ser como tú la conociste. Toda la decoración de afuera, que seguro tú viste como la pintó Carpaccio poco antes de tu tiempo (no encuentro una buena imagen, la seguiré buscando!), ya no existe. Y los mosaicos bizantinos de adentro, que sí están intactos, no pararon de cambiar durante siglos.

El martes y la mitad del miércoles se habló de observatorios e instrumentos a través de la historia. Esto incluyó desde dispositivos neolíticos hasta planes para futuros telescopios espaciales. Todo me pareció interesante, pero naturalmente lo que más me gustó fue lo del siglo XIX, pues es la etapa que estoy estudiando ahora. Por la tarde del miércoles fuimos al Archivo del Estado de Venecia, que merece que te lo cuente por separado.

El jueves por la mañana tocó el turno a la historia de la astronomía. Fue entonces que di mi plática. Por la tarde se habló de la enseñanza y al día siguiente (el último) sobre la divulgación de la astronomía.

Fue muy estimulante: aprendí cosas nuevas y conecté ideas viejas, hice buenos amigos y contactos. Descubrí un espacio al cual estoy segura que regresaré: las comisiones de patrimonio, instrumentos y archivos de la Unión Astronómica Internacional (IAU).

martes, 27 de octubre de 2009

¡Eureka!


Finalmente, tras casi 10 meses de ver inmaculada la faz del sol, ha aparecido una ENORME mancha. Hoy, al menos en el D.F., no veremos nada de esto, pues está absolutamente nublado. Nos podemos consolar mirando una imagen de gran detalle en la página de Spaceweather.

martes, 13 de octubre de 2009

No estaba muerta...

...andaba de viaje!

Perdón, ahora sí que me desconecté por demasiado tiempo.

Como te había contado, me fui a Venecia a un congreso (ya te contaré más). Pensé que habría más posibilidades para conectarme y contártelo todo, pero simplemente no fue así.

Ahora estoy en ese difícil proceso de volver a retomar el paso de la vida diaria, pero te escribo brevemente para compartir contigo dos buenas noticias.

Por un lado, ya salió el volumen de la Revista Digital Universitaria dedicado a la astronomía. Hay artículos sobre temas muy interesantes, de una variedad de partes de la astronomía. Además, encontrarás un artículo que hice sobre ti. A ver qué te parece.

Además, en mi (larga) ausencia, el Archivo Histórico de la UNAM inauguró una exposición sobre la historia del Observatorio Astronómico Nacional. Ésta se puede visitar en la sala de consultas del AHUNAM, en el segundo piso de la Biblioteca Nacional que se encuentra en la zona cultural de Ciudad Universitaria. Todavía no voy, pero el jueves te contaré más sobre ella.

Como ves, no hemos dejado de celebrar a la astronomía.

jueves, 6 de agosto de 2009

Dibujar ideas

Como ya te conté, desde hace tiempo tenía ganas de divulgar a través de imágenes. Hacer un comic no sació mi apetito, sino todo lo contrario. Desde entonces me fijo aún más en la manera en que otros explican a través de imágenes. Un gran ejemplo, según yo, es The Way Things Work, de David Macaulay.


Me acabo de encontrar un video donde Macaulay explica todas las maneras que imaginó (y descartó) para hacer un libro sobre Roma que mostrara esa complejísima ciudad de la manera en que él la conoce-siente-vive.


Creo que tú, que explicaste tantas cosas con dibujos al inicio de tu carrera, apreciarás lo que hace este señor.

Yo por lo pronto, YA me voy a poner a dibujar para llegar a hacerlo bien algún día.

domingo, 31 de mayo de 2009

Amateurs

No sé tú, pero yo soy especialmente feliz cuando hago algo nuevo. Ahora estoy escribiendo en inglés (cosa que hago poco) para una enciclopedia (algo que no había hecho nunca). El reto es bastante grande como para ser emocionante, pero no tanto como para resultar aplastante.

Me invitaron a escribir para la Encyclopedia of Science and Technology Communication que edita SAGE, una casa editorial que publica principalmente libros de texto y de consulta y revistas especializadas. La coordinadora del proyecto, Susanna Priest, sugirió que haga un artículo sobre la comunicación pública de la astronomía y aceptó mi sugerencia de escribir otro ¡sobre ti!

Porque la fecha límite de éste es antes, empecé trabajando en el artículo sobre astronomía. Aunque la enciclopedia no va a tener artículos sobre la comunicación de cada una de las ciencias, Susanna opina –y yo concuerdo- que el caso de la astronomía es distinto y amerita que se escriba sobre ella.

El universo es un tema sobre el cuál todos hemos pensado en algún momento, simplemente porque el cielo de noche es una parte de la naturaleza con la cual nos topamos hasta sin querer. Tan es así que ha aparecido en una gran variedad de expresiones artísticas y culturales, desde las creencias sobre el efecto que los cometas tienen en nuestras vidas hasta una pieza como la suite Los planetas de Gustav Holst.

Por su parte, la comunicación pública de la astronomía empezó con la astronomía misma, y a través del tiempo se ha hecho de todas las maneras posibles. Hoy podemos saber de este fascinante tema a través de la radio, la TV, Internet, revistas, libros, museos y conferencias. Pero además, y creo que esto es lo que la hace especial, también podemos mirar a través de un telescopio.

México no es distinto de otros países en que tiene muchas asociaciones de astrónomos aficionados o amateurs. Ahí se reúnen hombres y mujeres (y hasta niños) que comparten una pasión por la astronomía. Leen, discuten, observan, y hasta pueden participar en algunos proyectos relevantes de la astronomía profesional. Por ejemplo, con sus propios telescopios pueden detectar nuevos cometas o ayudar a medir cómo varía el brillo de algunas estrellas.

Resulta interesante hablar sobre la comunicación pública de la astronomía porque es un gran ejemplo de lo que es y ha sido la relación entre la ciencia y la sociedad. Mi reto es decir eso claramente ¡y en 3000 palabras!

lunes, 9 de febrero de 2009

Los hijos de Galileo

Hace diez años se publicó un libro de divulgación sobre tu vida que tuvo mucho éxito. Se llama La hija de Galileo* y se centra en las cartas de tu hija Sor María Celeste que aún se conservan (¡tus respuestas se perdieron!). Está muy bien escrito y resulta entrañable saber lo que te gustaba comer o cómo disfrutabas cuidar de tu jardín. Pero a tus otros dos hijos Sobel les dedica cuando mucho un par de líneas.

Puesto que la primera carta que se conserva es de 1623, Sobel pasa rápido por todo lo anterior de tu vida. Ahí menciona a tu amante, Marina Gamba, y el hecho de que tuviste tres hijos ilegítimos con ella. Cuenta que las dos niñas entraron juntas al convento cuando eran muy pequeñas, y no volvieron a salir.

La parte principal del libro se dedica a ver con detalle los últimos once años de la vida de Celeste, para terminar con los seis que la sobreviviste. La imagen resultante es de que tenías una relación muy cercana con la mayor de tus tres hijos, pero yo no puedo evitar preguntarme si siempre fue así y cómo eran los otros dos.

En busca de respuestas regreso a una de las biografías que te había comentado, The private life of Galileo. Parece que Sobel sacó de aquí su idea para La hija..., pues todo este libro está basado en cartas, y no sólo las de Celeste. Encuentro que, en efecto, hay poca información sobre Sor Arcángela y Vincenzio.

De Arcángela, un par de años menor que Celeste, sabemos principalmente a través de las cartas de su hermana. A veces manda saludos y otras, pide cosas. Pero más que nada se ve que era delicada y enfermiza, cosa frecuente en el convento.

Sobre el más pequeño, Vinzencio, sabemos sólo por las cartas de otros. Por ejemplo, vivió en casa de Castelli mientras estudiaba en la Universidad de Pisa. Al parecer no era el mejor de los inquilinos, pues las cartas de Castelli están llenas de quejas. De lo que alcanzo a ver, era como tu hermano, nunca le agarró el gusto a trabajar y siempre fue una fuente de preocupación para ti.

Lo que sigue, por supuesto, es buscar entre las cartas contenidas en Opere di Galileo. Ya te contaré lo que encuentre ahí.


*Sobel, D. (1999), La hija de Galileo, Debate, Madrid.

martes, 23 de diciembre de 2008

El cutis de la Luna

Hace algunas semanas conocí a Bef un monero y escritor mexicano. Quizás lo más parecido a un monero en tu época habrán sido los artistas que diseñaban las fastuosas alegorías para las celebraciones de los príncipes. Pero no es exactamente lo mismo, pues los de hoy cuentan historias con dibujos y no objetos.

Con Bef platiqué sobre tu trabajo y le mostré los grabados de la Luna que aparecen en Sidereus Nuncius. Le llamó especialmente la atención éste, y me preguntó qué dijiste acerca del cráter que aparece en el centro (un poco abajo). Le expliqué que no usaste el término cráter, que hablabas de un valle circular, y entonces me hizo una muy buena pregunta: ¿desde cuándo sabemos que las depresiones circulares que aparecen sobre la superficie de la Luna son cráteres de impacto?

Finalmente hoy tuve un rato para buscar la respuesta a su pregunta. Comencé, como hago a menudo, por buscar el tema en el gran libro de Carl Sagan, Cosmos*. Ahí se explica muy bien lo que se sabe en la actualidad, pero no viene nada de cómo lo llegamos a saber, que es la parte más interesante.

Decidí irme para atrás hasta poco después de tu muerte y seguirle la pista al tema de la rugosa superficie lunar. Para empezar, acudí a otro de mis caballitos de batalla, Teorías del Universo*, y ahí encontré que en 1647 se publicó un libro llamado Selenographia, del astrónomo polaco Jan Hevelius.

Como contaba con telescopios bastante más potentes que los tuyos, podía ver mucho más detalle de nuestro satélite. Además, al igual que tú, sabía dibujar muy bien, así que él mismo hizo los dibujos y luego los grabados que aparecen en este libro. Su objetivo era obtener los mejores mapas o cartas de la Luna. Del mismo modo en que lo hiciste tú, comparó lo que veía allá con lo que conocía acá y les puso nombres a las montañas, valles y mares. Pero él tampoco utilizó la palabra cráter.


Al parecer, la respuesta a la pregunta de Bef nos va a llevar todavía un rato. Espero que tanto tú como él tengan paciencia y piensen en esto como una Ítaca. ¿Quién sabe lo que nos encontraremos en el camino!

*Sagan, C. (2004), Cosmos, Planeta, Madrid.

Rioja, A. y J. Ordóñez (1999), Teorías del universo. II. De Galileo a Newton, Síntesis, Madrid.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Falsos amigos

Afuera, lo que parece como el triple de la población normal de esta ciudad se insulta en el tráfico o se pisotea en las tiendas en nombre de la alegría que les da que se acerca otro aniversario más del nacimiento de Cristo. Como no comparto su euforia, he decidido quedarme en casa y seguir aprendiendo italiano.

Quizás por la misma razón por la que no estoy allá afuera en medio de la muchedumbre, mi método de aprendizaje es completamente autodidacta. Empecé por comprarme un buen diccionario en italiano (no bilingüe) y un par de libros de compatriotas tuyos y contemporáneos míos. Me leí Seda, de Alessandro Baricco de un tirón y sin grandes problemas porque es sencillo y ya lo había leído varias veces en español. Pasé luego a las Cosmicómicas de Italo Calvino y tuve que usar tanto el diccionario que no resultó agradable.

Decidí entonces aprender este idioma como aprendí mi lengua natal: por los oídos. Usando una de esas máquinas que todavía tengo pendiente explicarte, conseguí registros reproducibles de conversaciones y lecturas en voz alta. De las conversaciones, mi favorita es una que se llama Uomini e profeti (Hombres y profetas), cuyo lema explica muy bien de qué va: “mirar al mundo con los ojos de la fe, y a la fe con los ojos del mundo”. Aunque no creo en ninguno de los dioses que ahí se discuten, me resulta tremendamente interesante saber de dónde vienen las diversas tradiciones.

De las lecturas en voz alta, mi favorita en este momento es Ad alta voce (En voz alta), en la que leen libros en digeribles fragmentos de 20 minutos. Ahora estoy escuchando El diario de Gian Burrasca, una obra para niños de hace más de cien años que es un tanto subversiva y me tiene sonriendo todo el tiempo.

Aunque siento que es relativamente fácil tu idioma, cada tanto me encuentro con un falso amigo: una de esas palabras que se escriben igual en ambos idiomas y significan cosas totalmente diferentes. Mi favorita es burro. Acá, un burro es un mamífero cuadrúpedo parecido a un caballo. Allá el burro se hace a partir de leche de vaca y se unta en pan tostado.

Si estoy tan ocupada con las actividades para el Año Internacional de la Astronomía –te preguntarás- ¿para qué estoy aprendiendo italiano? Bueno, pues se me antoja leer tus cartas para así entender mejor lo que ibas pensando y comentando conforme pasaban las cosas que todos conocemos. Y es que se conservan muchísimas de tus cartas y, junto con tus libros y dibujos, fueron reunidas por Antonio Favaro en una obra monumental llamada Opere di Galileo.

Hasta este momento, no sé de alguna institución en México que tenga esa obra, pero para mi gran fortuna puedo acceder a ella a través de esa máquina que tengo pendiente explicarte. A más tardar cuando empiece el 2009 empezaré a leer tus cartas y te pondré aquí mis impresiones.

jueves, 18 de diciembre de 2008

La mirada de Galileo

Esta mañana fui al Fondo de Cultura Económica a firmar el contrato para la publicación de mi libro sobre tu obra que saldrá en 2009. Resulta que no les encanta el título que yo escogí y ahora tengo que pensar en otro. El título que yo le puse es:

Admirables maravillas
Galileo y el telescopio

La primera parte, que es la que más me gusta, es una frase de la presentación de tu libro que me parece más emocionante, Sidereus Nuncius*. Ahí empiezas diciendo:

Se muestran GRANDES Y MUY ADMIRABLES maravillas
y se invita a contemplarlas a todos.

Le puse el subtítulo para ubicar a los posibles lectores sobre el tipo de maravillas a tratar.

El editor, Heriberto Sánchez, propuso que el libro se llame simplemente Galileo y el telescopio. Este título, a pesar de ser claro e informativo, es bastante plano y sin chiste. Además, afortunadamente ya hay un libro que se llama así, de modo que ni siquiera hubo mucho que discutir. Insistí un poco (dentro del límite de lo cortés, claro) en que se quedara como lo había puesto inicialmente, y al final Heriberto me convenció de cambiarlo. Dijo algo muy cierto: que en los libros sobre ciencia utilizamos demasiado los términos como “increíble”, “maravilloso” o “divertido” y, como el contenido no siempre resulta serlo, hemos ido perdiendo credibilidad.

Platicamos un rato para tratar de buscar una alternativa. Le conté cómo en tu época había tantas novedades (desde continentes hasta ingredientes para la cocina) que no es una exageración decir que todos andaban permanentemente azorados. Repasé un poco lo que digo en el libro para tratar de extraer algunas palabras clave. Hablé de cómo entonces ya muchos estaban cuestionando los modelos tradicionales del universo; y cómo tú tuviste la suerte de dar con un instrumento que te permitió ver cosas nunca antes vistas y que ayudaron a la transformación de nuestra manera de entender el mundo. Resalté lo importante que fue tu manera de mirar las cosas y así llegamos a un posible título:

La mirada de Galileo

Todavía tengo un mes para darles el título definitivo, así que lo seguiré pensando. Además, da tiempo de que opines.



* Galileo - Kepler (2007), La gaceta sideral – Conversación con el mensajero sideral, Alianza, Madrid.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Un poco de violencia

Ya bien entrada en el cuarto día de mis vacaciones, hasta la última de mis células está inundada de la paz que me viene de no tener nada apremiante. Para equilibrar un poco las cosas, hoy te quiero contar una historia de una violencia enorme, lenta, lejana e imperceptible excepto para unos pocos.

Hace algunas semanas te platiqué algo sobre lo que hemos ido sabiendo de las galaxias, pero me quedé más o menos a principios del siglo XX. Por esa época los astrónomos se pasaron décadas coleccionando galaxias, es decir haciendo observaciones de tantas como fuera posible. Así, después de cierto tiempo, pudieron plantear una clasificación de ellas de acuerdo a sus formas. Inicialmente había tres grupos y aquí te muestro un ejemplo de cada uno: las espirales, las elípticas y las irregulares.



Pero más adelante se observaron otras galaxias, que no se podían meter en ninguno de los tres grupos anteriores, y tampoco se podían agrupar muy bien. Así que agregaron un grupo que llamaron de las galaxias peculiares. En la siguiente foto te pongo un par de éstas, la galaxia de las Antenas, y la Rueda de carro. Adivina cuál es cuál.



Una de las cosas que hacen más felices a los científicos, y entre ellos a los astrónomos, es cuando aparece una nueva pregunta. La formación de las elípticas y espirales se puede explicar por la atracción mutua de todo el material que conforma; y las irregulares se suelen explicar como galaxias fallidas, en las que no hubo suficiente de esta atracción. Pero ¿y las irregulares?

Resulta que generalmente las galaxias no viven solas, sino en grupos, y que el hacinamiento lleva a roces de varios tipos. Muchas galaxias son parte de una pareja que no siempre es pareja. Acá puedes ver cómo la grande, que es espiral, se está comiendo parte del material de la chica, que ya no tiene forma reconocible.


Cuando la desigualdad es mucho mayor, se cae en franco canibalismo. En esta imagen, la galaxia elíptica gigante se está tragando a varias de las pequeñas que la rodean (abajo a la derecha). Y conforme más come, más capacidad de comer tiene.

Y las dos primeras peculiares que te mostré deben ser resultado del impacto de dos galaxias. Todo esto sucede muy lentamente, en miles de millones de años, así que en realidad no lo hemos visto suceder. Pero lo sabemos gracias a las increíbles observaciones de telescopios como el Hubble Space Telescope combinadas la información que nos dan los modelos teóricos.

Si te gustan las historias violentas como ésta, en otra ocasión te cuento cómo mueren las estrellas.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Dibujos de la Luna

¿Te fijaste ayer en la imagen del día de la NASA? La pongo por si no la viste:




En estos días Júpiter, Venus y la Luna se ven muy cerca en el cielo y, como son tres astros que podemos ver a simple vista, han dado mucho de qué hablar. El que ves es un dibujo del momento justo en el que Venus reapareció después de estar oculto detrás de la Luna. Lo hizo Deirdre Kelleghan, una mujer irlandesa que es artista y aficionada a la astronomía.

En un momento en que estamos rodeados por demasiadas imágenes perfectas tomadas por máquinas, me parece que este dibujo recupera algo muy importante: el asombro. La misma Kelleghan dice:


When I sketch the moon, it feels like my hands move through my eyes. My sight becomes my fingers and explores the lunar landscape.
(Cuando dibujo a la Luna, se siente como que mis manos se mueven a través de mis ojos. Mi vista se vuelve mis dedos y explora la superficie lunar.)


Su dibujo y sus palabras me recordaron las observaciones de la Luna que reportaste en 1610 en el delicioso librito Sidereus Nuncius*. Pero hace cuatrocientos años tú eras el primero en ver que la Luna tiene picos y valles con luces y sombras que cambian. Así que al mirar y dibujar también tenías que tratar de entender. Tus conclusiones fueron asombrosas. Para empezar la Luna no es perfecta y por lo tanto al menos uno de los cuerpos celestes viola lo establecido por Aristóteles 2000 años antes. Y, aunque suene simplón, si la Luna es como la Tierra, entonces la Tierra es como la Luna. Es decir, que la Tierra bien puede ser un planeta más.

*Galileo - Kepler (2007), La gaceta sideral – Conversación con el mensajero sideral, Alianza, Madrid.