viernes, 26 de marzo de 2010

¡Vacaciones!

Se me han pasado los días y ya son más bien semanas desde que te escribo. Tengo pendiente contarte cómo voy con la clase sobre ti que estoy dando en la Facultad de Ciencias, y cómo fue escribir aquél artículo para niños de sexto de primaria (de 11 años, aprox.). Además, he avanzado en mi revisión sobre la historia de la historia de la astronomía en México para la ponencia que daré en mayo, y esto también está muy interesante.

...pero ¡tengo vacaciones por la Semana Santa! así que me temo que todo esto tendrá que esperar hasta que regrese.

Mis vacaciones van a ser aquí, ni siquiera en mi ciudad, en mi colonia. Procuraré moverme lo menos posible, y hacerlo muy lentamente, para así lograr la ilusión de contar con una vastísima cantidad de tiempo.

Tengo apartados dos libros que se me antoja mucho leer en este rato. Uno de ellos acaba de llegar a la biblioteca de la DGDC. Se trata del libro más reciente de uno de mis autores favoritos que me parece que te gustaría mucho a ti también. Edward Tufte es un experto en representación visual, y se ha vuelto algo así como un gurú de la visualización de datos, algo a lo que tú te dedicaste en los primeros años después de tu encuentro con el telescopio. Este libro, el quinto de una serie, se llama Beautiful Evidence y supongo que bastará con que te ponga el mero inicio para que se te antoje:
A colleague of Galileo , Federico Cesi, wrote that Galileo's 38 hand-drawn images of sunspots "delight both by the wonder of the spectacle and the acuracy of expression." This is beautiful evidence.
El otro libro que quiero leer en mis vacaciones está en el buró junto a mi cama desde hace meses, esperando pacientemente su turno. Se trata de una obra que he encontrado citada en muchos lugares interesantes y que creo que además de entretenido, me será muy útil. La jaula de la melancolía, del antropólogo mexicano Roger Bartra lleva el subtítulo: Identidad y metamorfosis del mexicano, con lo cual ya más o menos te puedes imaginar por dónde va.

Pero no sólo de libros vive esta mujer; tengo planes para ver a amigos, cocinar, y atender mi jardín que en esta temporada está creciendo tan rápido que exige mucha atención.

miércoles, 10 de marzo de 2010

¿Apagarán la luz!

Seguramente ya lo sabes, pues se está comentando por todos lados, y es un tema que te interesa mucho:

¡Quieren cerrar el Museo de la Luz!

Se trata de un pequeño gran museo donde tú te volverías loco, pues explican el fenómeno de la luz desde todos los posibles ángulos. Naturalmente hay cuestiones de física y astronomía sobre las cuales tú reflexionaste, pero también abordan su relación con otras áreas como la biología y la química.

Pues ahora nos estamos enterando de que el plan es cerrarlo en junio de este año, ¡así, sin agua va! Y es que el museo está en el edificio donde se firmó la constitución de 1824 y quieren convertir ese espacio en un museo de la constitución. Puedes leer más sobre esto en el periódico La Jornada.

Yo creo que no se debe cerrar un museo realmente exitoso como éste. Debe haber una forma de conciliar, como darle una parte del espacio al tema de la constitución.

Por lo pronto, ya se empezaron a hacer movilizaciones de varios tipos, tanto oficiales (como las que pueden hacer los individuos que crearon ese museo), como institucionales (Institutos de la UNAM). Además, se abrió una página en Facebook para que nos anotemos todos aquellos que queremos preservar este importante espacio. Hasta ahora van más de 4,500 anotados. Tú puedes ver la página y sumarte al esfuerzo en:

...ah! últimas noticias "será un cambio de sede"

jueves, 25 de febrero de 2010

¡Arúgula! ...creo

Para contarte lo que sigue tengo que empezar por confesar un pequeñísimo delito: el año pasado me traje de Venecia semillas de arúgula (un tipo de lechuga que tú conoces como rucola) y de albahaca (basilico para ti). Confesión cumplida.

Puesto que parece que finalmente se acabaron los fríos, este sábado planté dos hileras de cada tipo de semilla, usando sólo 1/10 del contenido de los sobres para ver cómo nos va. Bueno, pues esta tarde (jueves, sólo 5 días después) subí a regar las plantas que tengo en la azotea y encontré dos filas de plantitas, formadas como diminutos soldaditos verdes. Pueso que no les puse letrero a las macetas, no estoy segurísima, pero creo que se trata de las arúgulas. Cuando estén más grandes se deben de ver así:


Para entretenerme en lo que espero, he estado haciendo una revisión preliminar sobre el tema de mi siguiente artículo. Me invitaron de la Secretaría de Educación Pública para que escriba algo breve que aparecerá en el libro de texto de ciencias naturales de sexto de primaria. Quieren que les cuente acerca de algún proyecto actual de astronomía y esto me viene perfecto porque quiero hablar del proyecto en el que participa mi amigo Alan Watson.

Alan es de esos astrónomos que también hace la parte de la instrumentación. El año pasado lo escuché dar una plática acerca de un proyecto para robotizar dos de los telescopios que están en el Observatorio Astronómico Nacional, en San Pedro Mártir. Se trata de automatizar el funcionamiento de estos telescopios para que sirvan de vigías, atentos a los cambios en el cielo nocturno sin necesidad de que un astrónomo esté ahí todo el tiempo supervisando. Entre los cambios que esperan ver están las erupciones de rayos gamma, explosiones verdaderamente violentas que todavía no entendemos del todo. La semana que viene veré a Alan para entrevistarlo sobre los detalles y te cuento todo.

miércoles, 24 de febrero de 2010

De revolutionibus

Tu revolución no es mi revolución y eso fue lo que vimos en clase la semana pasada. Según muchos, fuiste parte de un movimiento llamado La Revolución Científica, pero te apuesto a que ni lo sabías. Para empezar, en tu época el término revolución se utilizaba para hablar de un movimiento, como el de los astros en torno del Sol. Es por eso, por ejemplo, que el libro de Copérnico se llama Sobre la revolución de los cuerpos celestes.

Para nosotros revolución significa un cambio violento en las instituciones políticas o sociales, y algunos historiadores en el siglo XX decidieron etiquetar como revolución lo que le sucedió a la ciencia por ahí del siglo XVII. Ahora se discute mucho esta etiqueta*, por varias razones. Nadie duda que hubo un cambio, del cual incluso ustedes estaban concientes. Fue entonces que la naturaleza se empezó a estudiar de una manera diferente: mediante experimentos, utilizando instrumentos y apoyados en las matemáticas. Pero esta transformación fue todo menos violenta; tardó muchos años (varias generaciones) en ser asimilada. Al final de casi un siglo, prácticamente todos estaban de acuerdo, pero ese periodo está lleno de personas y sucesos que hoy no reconocemos como científicos, y que sin embargo fueron importantes para el proceso.

La discusión en clase sobre este tema estuvo muy buena. Había mucho que decir y todos le entraron. En cambio, en la clase de ayer prácticamente no pasó nada. Los alumnos tenían que leer una versión muy sencilla de tu biografía, la que escribió Stillman Drake para el Dictionary of Scientific Biography. Aline (que además de trabajar en el archivo es ayudante del curso) y yo les llevamos varios otros ejemplos de tus biografías. Con tanto material uno pensaría que no nos hubieran alcanzado las dos horas, ¡pero hasta sobró tiempo! Quizás se les dificultó la lectura, primera que les dejo en inglés.

*Shapin, S. (2000), La Revolución Científica. Una interpretación alternativa, Paidós, Madrid
Bowler, P. y I.R. Morus (2005), Panorama general de la ciencia moderna (capítulo 2), Crítica, Madrid.

martes, 16 de febrero de 2010

Telescopios, tallarines y tormentas*

El viernes por la mañana envié mi artículo a Venecia. Me quedé muy contenta hasta el lunes, cuando vi que la editora respondió pidiendo que le agregue fotos (que no había puesto porque, si recuerdas, tenía MUY poco espacio). En fin, es fácil de resolver.

Te pongo las conclusiones del ensayo (traducidas y muy compactadas) pues me parece que con eso te puedes dar una buena idea de cómo es lo demás:

Justo al final del siglo XIX, Ángel Anguiano dejó el Observatorio y con esto terminó el comienzo de la vida del OAN. El repaso de esos veintidós años iniciales nos permite ver la variedad y diversidad de los factores involucrados en la fundación y consolidación de este espacio para la astronomía mexicana. Para empezar, había un grupo de ingenieros geógrafos que conocían lo que estaba sucediendo en la astronomía de entonces y estaban interesados en sumarse a esa tarea. Aunque no fue al primer intento, finalmente lograron el apoyo necesario para que en 1878 México tuviera su Observatorio Astronómico Nacional. Esto sólo se logró porque hombres como Anguiano y Díaz Covarrubias supieron combinar sus intereses con aquellos del gobierno. Casi diez años después de fundado, y gracias al empeño de Anguiano por promoverlo, el Observatorio recibió una importante invitación a formar parte del proyecto internacional Carta del Cielo. De este modo, el nuevo siglo encontró al Observatorio con un flamante edificio, un buen proyecto y un nuevo director, Felipe Valle.

Lo que siguió es lo que me toca averiguar a continuación. Fue un buen ejercicio escribir este texto; además de ordenar lo que llevo hecho, me aclaró mucho de lo que me queda por hacer. Todavía me tengo que sentar a hacer una lista de archivos, artículos y libros que me falta consultar, y preguntas que quiero responder.

Pero antes de todo eso, me tomé el fin de semana completamente de descanso. Además de "cultivar mi propio jardín", preparé tallarines japoneses de varias maneras. Aline, que trabaja conmigo en el archivo histórico, fue a Japón el año pasado. Como antes de que se fuera le platiqué que me llaman la atención los puestos o pequeños restoranes de tallarines que aparecen en las novelas de varios de mis autores japoneses favoritos, me trajo algunos para probar. Hice unos gorditos (Udon) con sopa y otros rizados (Ramen) con verduras sofritas y me quedé con ganas de seguir experimentando.

Hoy vi a Aline, que leyó el artículo sobre el Observatorio, y me hizo notar una simpática coincidencia. La expedición mexicana que fue a Japón en 1874 para presenciar el tránsito de Venus llegó a Kanagawa, mismo sitio donde Hokusai pintó La gran ola de Kanagawa, ¡que aparece en una mascada que ella me trajo de allá!

*Título inspirado en el que quizá es mi libro favorito sobre mi obra favorita de Galileo: Drake, S. (1957), Telescopes, Tides and Tactics: A Galilean Dialogue about the 'Starry Messenger' and 'Systems of the World', University of Chicago Press, Chicago.

martes, 9 de febrero de 2010

Engañar tulipanes

El fin de semana me compré tres tulipanes rojos. La señora que me los vendió me dijo que hay que ponerles cubos de hielo en la tierra, para que duren más. Así que llevo desde el sábado engañándolos para que crean que están en Holanda y no en Coyoacán.

Entre acarreos de hielo, terminé de escribir el artículo sobre el Observatorio. El domingo, acelerada por la taza de café con leche que llevaba dentro, me pareció que quedó de lo más bien. Ahora está en manos de mi amigo Alan, que es Inglés, y me va a hacer el favor de revisarlo. Cuando me lo regrese te cuento algunas partes.

También preparé la primera clase de mi curso sobre las maneras en que se han historiado tu vida y obra. La semana pasada fueron las inscripciones y se anotaron una chica y 9 chicos. Hoy empezamos y como introducción vimos un texto sobre la historia de la ciencia*. La discusión estuvo muy buena, pero la verdad me imaginaba que iban a tener reacciones más fuertes acerca de lo que leímos. Se trata del primer capítulo, donde los autores exponen las diferentes maneras en que se ha contado la historia de la ciencia. Cuenta cómo ahora se estudia la ciencia como una actividad social, y las cosas que se pueden ver con esa mirada. Debe ser porque son jóvenes, que no les causó tanto escozor ver, por ejemplo, que los científicos no son héroes inmaculados.

*Bowler, P. y I.R. Morus (2005), Panorama general de la ciencia moderna, Crítica, Madrid.

miércoles, 27 de enero de 2010

Eau d'astronomie

Estoy intentando meter un año de trabajo en 12 páginas y no está nada fácil. El 15 de febrero debo entregar el texto de la ponencia que di en el congreso de octubre. En no más de 28,800 caracteres (contando los espacios) debo decir de una manera coherente (e interesante, ¡espero!) todo lo que sé de la fundación y las primeras dos décadas del Observatorio Astronómico Nacional de México.

De entre la variedad de libros que describen el contexto de la astronomía hacia finales del siglo XIX, escogí el de Agnes M. Clerke* porque ella vivió en esa época y conoció muy bien lo que estaba sucediendo. De haber nacido un poco después, Clerke hubiera sido astrónoma, pero entonces -aún en Inglaterra- esto no era posible. Así que se volvió una divulgadora bastante especial, pues conoció bien a muchos astronomos y varios observatorios (tuvo la oportunidad de trabajar en algunos). Publicó muchos libros, y éste que te cuento fue el más exitoso.

La autora no es absolutamente objetiva, pero ¿quién sí lo es? En este libro hace especial énfasis en la importancia de los astrónomos amateurs, y en las aportaciones del Reino Unido a esta disciplina. De cualquier modo, gracias a ella tenemos la voz de un testigo, que presenció las interesantes discusiones que se dieron hacia el final del siglo XIX. Además, me gusta mucho la forma en que escribe. Por ejemplo, ¿te acuerdas que te conté sobre los espectros? Bueno, pues ve nomás cómo los explica ella:

The various rays which, entering the eye together in a confused croud, produce a compound impression made up of indistinguishable elements, are, by the mere passage through a triangular piece of glass, separated one from another, and ranged side by side in orderly succession, so that it becomes possible to tell at a glance what kinds of light are present, and what absent.

El libro me ha servido especialmente para entender el complejo entorno, tanto científico como social, en el cual se dieron las observaciones de los tránsitos de Venus de 1874 y 1882. Es notable que, sin astrónomos ni observatorios, hubo algunos mexicanos que entendieron lo que estaba pasando y supieron insertarse en este importante proyecto internacional.

Bueno, regreso a mi tarea de compactar información. ¡Si sólo pudiera hacer un perfume pequeñito que evocara todo lo que hay que contar!

* Clerke, Agnes M. (1902), A Popular History of Astronomy in the Nineteenth Century, Sattre Press, Decorah 2003.

martes, 19 de enero de 2010

Galileo en el teatro

Caminando por Universum hoy, me encontré este cartel:


y te lo pongo porque me imagino que te dará gusto saber que seguimos celebrándote.

Esta obra se dio el año pasado, pero no tuve oportunidad de verla. Ahora seguro que iré, y ya te contaré qué tal está.

miércoles, 13 de enero de 2010

Sentido contrario

Hace tanto frío, que esta mañana tuve que hacer una expedición de emergencia para buscar ropa térmica. Como hay obras por toda la ciudad para una nueva línea del Metro, cerraron una calle y cambiaron el sentido de otra, para sustituirla. Así que me tocó recorrer la calle de Parroquia en el sentido opuesto de aquel en que la había recorrido desde que tengo memoria (lo cual no es tantísimo tiempo, debo confesar, pues tengo una memoria de chorlito).

Fue una gran experiencia; sentía que estaba en un lugar completamente nuevo. Para empezar, iba viendo el otro lado de todo. Por ejemplo, hay una iglesia que siempre vi sólo de un costado, y ahora pude ver el frente. Además, fui descubriendo edificios y negocios en los que nunca había reparado.

Me gustó mucho esto de mirar algo muy conocido desde un ángulo diferente. ¡Ojalá pudiera hacer lo mismo con otras cosas! ¿Será que si me paro de cabeza mientras trabajo en el artículo que estoy preparando sobre la historia del Observatorio encuentre cosas que hasta ahora no había visto?

viernes, 8 de enero de 2010

De regreso

Tras tres deliciosas semanas de vacaciones (y cinco días de ajuste a la dura [¡y fría!] realidad), héme aquí de vuelta escribiendo.

Me temo que no tengo muchas cosas astronómicas que contarte. Me desconecté por completo del trabajo y dediqué mi tiempo a ver a amigos que no había visto, a iniciar una enredadera en mi terraza y a leer montones (ya te contaré más). Además me fui de viaje por cinco días a la Ciudad de México y disfruté mucho de caminar por el centro, ver museos y comer bien.

Generalmente cuando tengo más tiempo aprovecho para cocinar cosas nuevas y complicadas, pero esta vez no estaba de humor. Lo único que hice fue un lomo de cerdo relleno de espinacas, que resultó muy apropiado, pues recibí este año de centenario y bicentenario de la manera más patriótica: verde (espinacas), blanco (lomo) y rojo (salsa). Además, me quedó rico.

Aunque para muchos el Año Galileo terminó con 2009, para mí continúa. Este semestre daré un curso en la Facultad de Ciencias de la UNAM sobre las variadas maneras en que se ha contado la historia de tu vida y tu obra. Quiero hablar de los hechos, claro, pero también mostrar los diversos acercamientos que se han dado a la hora de contarlos. Te pongo el programa para que te vayas imaginando por dónde va el asunto, y ya te iré contando tanto lo que yo presente como las reacciones de los estudiantes.

Galileo en la historia

Introducción

La historia de la ciencia
La Revolución Científica

Los hechos

Vida
Obra (astronomía)
Obra (física)

Los enfoques

Los instrumentos
La acción de ver
Los experimentos
Las redes de científicos
Ciencia e iglesia
Ciencia en sociedad

Galileo en la cultura

En el arte
En la divulgación

viernes, 4 de diciembre de 2009

Revolucionarias, ideas

Confidencial
Guadalajara. Agosto 24 de 1885

Sr. Presidente de la República
Gral. D. Porfirio Díaz
México

Mi muy estimado Sr. Gral. y fino amigo:

Siguiendo en mis propósitos de tener a Ud. al corriente de cuanto ocurra por acá, confirmo el contenido de mi mensaje en cifras de esta fecha, repitiéndole que anoche fueron arrojados con profusión en las calles de esta Ciudad los papeles sediciosos como los que tengo la satisfacción de adjuntar a Ud. cuyos papeles fueron recojidos en su mayor parte por la policía sin lograr la aprehensión de las personas que los tiraban.

Así empieza una carta que me encontré el martes que fui a trabajar al Archivo Porfirio Díaz en la Biblioteca de la UIA. El catálogo del archivo tiene varios volúmenes con tres tipos de índices: de lugar (y ahí busco Tacubaya), onomástico (como Anguiano o Díaz Covarrubias) y por tema. Éste último lo leo todo, porque nunca sabes lo que pueda servir. Y aunque no está entre los temas que busco para conocer la historia del Observatorio Astronómico Nacional, no pude evitar ir a ver esta carta que aparecía bajo el tema “revolucionarias, ideas”. Desafortunadamente no se conservan los "papeles sediciosos".

También encontré información más relacionada con mi tema de estudio. Está, por ejemplo, una carta en la que varios funcionarios de Tacubaya (entre ellos Ángel Anguiano, director del OAN) ofrecen todo su apoyo a Don Porfirio para expresar “nuestra adhesión, procurando tocar cuantos recursos estén a nuestro alcance para conseguir la elección de las personas que tenga a bien designarnos”. Supongo que te resultará tan curioso como a mí, pues aunque había elecciones, por lo visto no eran exactamente libres.


La carta más relacionada con el OAN que descubrí esta vez está fechada el 26 de marzo de 1885. Fue enviada por Anguiano a Don Porfirio para informarle que el telescopio grande ecuatorial había quedado instalado y dice: “su instalación, aunque provisional, hará época en los anales astronómicos de México”. A continuación invita a Díaz a que venga a visitarlos para observar a Júpiter y Saturno, que en ese momento se podían ver bien. Está también la respuesta, donde el presidente lo felicita y promete ir a visitar el OAN.

El gran ecuatorial es uno de los instrumentos que se compraron para la fallida observación del tránsito de Venus en 1882. Tuvieron que instalarlo de manera un tanto precaria en el jardín en Tacubaya, pues no había un edificio para él y posiblemente Anguiano quería pedir apoyo para la construcción que requerían.

Aunque ésta última sea la carta más astronómica, el conjunto ayuda a darnos una idea de cómo era el mundo social y político en el que nació y creció el OAN.